La amistad, como el amor y el odio, ha dado muchas buenas imágenes y sobresalientes historias al cine. Dos grandes amigos unidos en sus aventuras, juntos frente a los problemas, como un sólido equipo capaz de luchar incluso contra la muerte... es material de primera. Desde los orígenes del séptimo arte se han venido creando películas sobre la amistad y hoy siguen apareciendo y nunca se desgastará el tema. Sebastián Borensztein, sobre un guión escrito por él mismo, narra en Un cuento chino una historia universal pero a la vez muy argentina. Universal porque habla de las cosas que nos angustian y duelen en el alma, algo que no tiene nacionalidad ni tiempo. Y muy argentina a la vez porque su protagonista es un excombatiente de la guerra de las Malvinas. Pero empecemos por el principio.
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| De planetas distintos |
Una vaca cae del cielo justo encima de la barcaza en la que un chino se está declarando a su novia. La tragedia le empuja a buscar otra vida en un lugar lejano y viaja hasta Argentina, donde vive un tío suyo. Allí tropezará casualmente con Roberto, un tipo huraño que vive encerrado en su casa y su tienda, una ferretería, rehuyendo la relación con los demás y rumiando un pasado que le atormenta. Ambos inician una convivencia forzosa que, día a día, les llevará a descubrir un sorprendente destino común. Es así que las culturas occidental y oriental, aparentemente tan distantes, terminan vinculándose en esta comedia que nos ofrece dos lecciones fundamentales: cuanto más lejos te escapes de ti mismo más cerca vas a estar y cuanto más te cierres dentro de ti, mayor será el golpe que te hará salir. Es la fábula del ermitaño, el encuentro fortuito de dos personajes en las antípodas geográficas y del pensamiento.
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| Tierna misantropía |
Ricardo Darín es un actor excepcional que brilla con especial intensidad en el drama, en su querencia por los personajes atribulados. El solitario policía de El secreto de sus ojos o el inmoral y carroñero leguleyo de Carancho respiran el mismo pesimismo que el ferretero maniático y algo misántropo de Un cuento chino, y Darín los hace suyos: hace de la interpretación verdad. Sin embargo, el ferretero, que reprime sus deseos convencido de que la vida es absurda y recopila recortes de periódicos que confirman su filosofía vital -desde una guerra a una lluvia de vacas-, es un tipo honesto y, a pesar de su fachada, bueno. Por eso este hombre seco, gruñón y acosado por un pasado negro que busca la soledad de su refugio constantemente, se verá compartiendo casa y comida con un desconocido, un asiático que llega a Buenos Aires con una mano delante y otra detrás y que ni siquiera habla su idioma. El encuentro es dramático y cómico al mismo tiempo y es, además, una salvación para ambos. Son dos solitarios que huyen de su propia realidad pero que encuentran un nuevo camino el uno gracias al otro y viceversa. Un melodrama que, aunque previsible, se deja paladear con placer y nos pone sin clemencia ante el hecho oculto del egoísmo, ante el desconcierto por la alteración de lo establecido. Ante la pérdida, ante la incomunicación entre los hombres, con toda crudeza.


5 comentarios:
Me la apunto. La verdad es que tiene muy buena pinta, y comparto contigo que Darín es un actor de primera fila. Este hijo de la novia es un intérprete colosal.
Fernando Solera: Darín es un gigante interpretativo, un animal cinematográfico perfecto. El talento con nombre y apellidos.
Me gustó cuando la vi. Había leído por ahí: "curioso y grotesco".
Estacionarse cerca de Aeroparque para pasar la tarde y tomar mates es una costumbre típica de algunos porteños, un dato :D
Saludos!
Dinsmoor: Gracias por el apunte, querida Julieta. Lo desconocía por completo. Otra cosa más que me llevo al zurrón de cultura general. ¡Je,je,je!
Argumento caótico e historia imprevisible, ¡me la apunto!
Moti :)
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