10 de marzo de 2012

LA CAJA 507

Un prólogo juvenil y cotidiano condenado a terminar en desastre abre la historia de Modesto Pardo, un hombre corriente cuya existencia está marcada por la tragedia que supone perder a una hija adolescente. Un tipo medio, resignado ante un destino doloroso, de los que creen en el trabajo, en la fatalidad de los accidentes y en que la responsabilidad de nuestras desgracias recae sobre nosotros mismos. La mediocridad implícita de la clase media. Típico retrato de un personaje a la deriva que sufre un giro de 180 grados cuando el atraco de la sucursal bancaria que dirige en la Costa del Sol le pone sobre la pista de una trama de corrupción a la que no son ajenos intereses inmobiliarios y manejos mafiosos. Modesto querrá entonces poner rostro a los responsables de la muerte de su hija. Pero para vengarse y hacer justicia, tendrá que adentrarse en un mundo de corruptelas y podredumbre moral, emprendiendo un camino de consecuencias terribles. Y ese es el territorio en el que se mueve Rafael Mazas, un ex policía corrupto y sin escrúpulos que, cansado de ser el expeditivo matón de un italiano metido en negocios truculentos, cae en la tentación de pasarse al otro lado, retirarse, descansar, sacarle beneficio a la montaña de basura. ¿Cómo? Recuperando los documentos robados de la caja 507. Es así que emprenderá una búsqueda desesperada para dar con ellos, su única posibilidad para salvar lo único que ya le queda, su propia vida. Sólo que él tampoco cuenta con el azar y con ese otro hombre obsesionado con obtener justicia. Durante los tres días que dura la trama, el hombre bueno, honrado y trabajador se convertirá en un loco, en una máquina de ira irreprimible, mientras el hombre duro se transformará en un personaje desesperado que aprende a temblar.

Cruce de caminos
Enrique Urbizu, autor de la premiada No habrá paz para los malvados, logra en La caja 507 el audaz retrato coral de una sociedad hipócrita y turbia en la que la violencia ejerce de garante de los intereses de sus protagonistas. Y para dar credibilidad a su planteamiento, y de paso alejarlo de lo que pudiera ser un furioso alegato en contra de la corrupción reinante en la Costa del Sol, Urbizu contrapone a un hombre gris y apocado y a un endurecido y parco ex policía. Mutuamente desconocedores de la existencia de su verdadero rival, estos dos hombres, magistralmente interpretados por Antonio Resines y José Coronado, se lanzan a una desquiciada carrera en busca de unos documentos que para uno suponen la oportunidad de vengar la muerte de su hija y para otro la posibilidad de salvar el pellejo cuando todo su mundo de violencia y traición se venga abajo. Ambos se verán envueltos en una frenética batalla con objetivos distintos en la que sus destinos se cruzan. Una bomba de relojería que, al abrirse, estalla en manos de dos hombres que lo han perdido casi todo.

Goya Toledo, la amante de Rafael
La caja 507, construida sobre dos personajes antagónicos situados uno a cada lado del espejo de una realidad deforme y corrompida, es una historia sobre la verdad última y terrible de las cosas, sobre las consecuencias que supone conocer esa verdad para un hombre corriente. Es la historia de la venganza de ese hombre corriente, de lo que ganará y perderá en el camino para obtenerla. Una épica de las emociones para una película dura y llena de aristas y ambigüedad moral. Y en el centro dos hombres que, caminando por la cuerda floja para ponerse a salvo del naufragio, le buscan a la vida las salidas de emergencia, transitando por los callejones del sistema como polizones sin suerte.

3 comentarios:

Marinel dijo...

No hace tanto que la vi en la tele.
La verdad es que tenía estereotipado a Antonio Resines-no me gustaba demasiado-y aquí lo vi muy bien.
La trama que se teje parece inverosímil y sin embargo es una realidad a la orden del día.
Un padre ante la pérdida de un hijo, puede llegar a ser un auténtico detective, casi, por no decir del todo, mejor que la policía.
Besos.

Fernando Solera dijo...

La película es un rato durita, pero a mí me gustó mucho. Es terrible constatar la abrumadora miseria moral que existe a nuestro alrededor. Está mucho más cerca de nosotros de lo que nos imaginamos. Sin duda una película muy buena.

Domingo dijo...

Marinel: La gran baza de Resines es que podría ser nuestro cuñado o un vecino. Interpreta como pocos al hombre corriente desbordado por las circunstancias.

Fernando Solera: De "miseria moral" sabe un rato largo la Junta de Andalucía. ¡Juas! :P

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