12 de marzo de 2012

TOY STORY 3

La tercera parte de Toy Story cierra con broche de oro una de las series de animación más aclamadas y taquilleras de la historia del cine. Hace unos meses me reencontré con Buzz Lightyear, el vaquero Woody y los demás juguetes, pero ahora las cosas han cambiado mucho para ellos y para mí, que ví la primera película de la saga allá por 1995, con tan sólo doce años. Pero Toy Story 3 es más que una visita al pasado de la franquicia de más éxito de Pixar. Esta entrega, capaz de superar a las anteriores, provoca emociones fuertes, donde hay lugar para la comedia, la acción y una buena dosis de terror para los más pequeños. Así, atrevidos e innovadores, los estudios Pixar se apuntan a la nueva tendencia del 3D, una moda que ha aterrizado en Hollywood para quedarse, aunque la historia sigue siendo lo más importante.

Dilema
El tema central, el punto de arranque, es que Andy, el dueño de los juguetes, se va a la universidad y ha de plantearse qué hacer con sus viejos compañeros de juego: si relegarlos a la oscuridad de un desván, tirarlos a la basura, donarlos a una guardería o llevárselos consigo. Por eso, el elemento principal de la película es el cambio, porque la vida es una evolución constante y siempre existen esos momentos en los que hay que tomar una decisión lo quieras o no. En cambio, esa situación difícil que genera drama y conflicto, no quiere decir que el amor quede a un lado, pero es necesario cambiar.

Inseparables
Así que, con Andy convertido en adolescente, los juguetes pasan a otro dueño. Ese giro argumental, muy emotivo, es absolutamente genial, como lo es el sorprendente hallazgo de un Buzz que transforma su personalidad en un latino que parece sacado de un tablao flamenco. Si para vosotros los personajes de Toy Story son personas y no juguetes corriendo de un lado a otro, ya estáis tardando en acudir a vuestro videoclub más cercano. Corred a disfrutar de este entrañable y delicioso juguete de Pixar.

5 comentarios:

CASSIOPEIA dijo...

Jajaja sorprendente e inesperado. Tan pronto hablas de la miseria humana como de juguetes con personalidad. Un crack.
Allá por 1995 yo aún no tenía capacidad para ver pelis, pero las vi años más adelante. He de decir que no me gustaron mucho,yo era más de princesitas, pero la última de la saga me impactó y me encantó. La vi un domingo de esos de andar por casa con manta y palomitas, pensando en matar el tiempo,y acabó por gustarme tanto que me vi a los pocos días las tres seguidas. La magia del cine...y dicen que las segundas (y terceras) partes no son buenas....zas! :)
PSD: que sepas que en este post has sacado el niño que llevas dentro,que lo he visto!jajaja :)

Marinel dijo...

Esta me la sé,me la sé!!!!
Y oyessss,aunque parezca tonta y a riesgo de que te rías:
Me gustan un montón las pelis estas :)
Besos.

Fernando Solera dijo...

¿A un videoclub? XDDDDDDDDDDDDDDD Cuñaaaaoooo

PD: Me la apunto.

Dinsmoor dijo...

A mí me dio mucha gracia la triceratops con su computadora XD.
Por otro lado, es cruel lo que cuestan esos muñecos en una juguetería. Nunca me compraron a Woody.
Un beso!

Domingo dijo...

Cassiopeia: Si es que soy muy peque, en todos los sentidos. ¡So alta! :P ;)

Marinel: ¿Reírme? ¿Por qué? Las películas de animación son una cosa muy seria, hay mucho talento tras ellas. :)

Fernando Solera: Es que soy un romántico. ¡Ja,ja,ja,ja! Pero no es tan descabellado lo que digo. Enfrente de mi casa hay un videoclub, o sea que siguen existiendo algunos, o sobreviviendo más bien. Pero como no te veo receptivo, mejor será decirte: "Acude a tu emule más cercano". :P

Dinsmoor: Dada la carestía de los juguetes, quizá sea el momento de que los niños de ahora vuelvan a poner en marcha la imaginación y el "menos es más" para divertirse, como hacían nuestros padres y abuelos, cuando no había tanto de todo.

Publicar un comentario