24 de abril de 2012

EL PIANISTA

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la situación de los tres millones de judíos polacos adquiere los rasgos de una pesadilla colectiva que culminará en el exterminio. Humillado y perseguido en el gueto de Varsovia e incapaz de asumir ese destino trágico, el brillante pianista Wladyslaw Szpilman evoluciona desde el distanciamiento hasta el papel de víctima acosada a la que la suerte y la ayuda desinteresada de sus amigos convertirán en superviviente.

Sobrevivir a la destrucción
Era un secreto a voces el sueño que desde siempre mantenía el director polaco Roman Polanski en torno a la posibilidad de mostrar su visión de la tragedia que supuso el Holocausto. Y tuvieron que transcurrir muchas décadas hasta que logró acercar su cámara a la figura de Szpilman, antihéroe de este retrato del infierno cotidiano en el que se parte de un hecho harto conocido para casi plano a plano personalizar una doble tragedia. Nos encontramos por tanto ante la crónica del mayor y mejor planificado crimen de la Historia, y ante las desventuras y la lucha, casi siempre dominada por la inercia, que mantiene su protagonista con tal de seguir vivo y librarse de ser deportado al campo de exterminio de Treblinka. La odisea autobiográfica que narra con elegancia El pianista, consiguió el reconocimiento unánime por parte de crítica y público. Sus planos largos, su dejar hacer a los actores, su capacidad para no perderse en detalles vacíos, consiguen una fuerza narrativa que teje una espectacular sinfonía cinematográfica: grandes medios técnicos para una auténtica obra maestra convertida inmediatamente en un clásico. En parte, porque todo el peso dramático recae en un actor en estado de gracia, Adrien Brody, oscarizado por su magnífica lección interpretativa. Pero sobre todo, porque es la película más inspirada de un genio que ha firmado obras inolvidables como Repulsión, La semilla del diablo, Chinatown, Tess o la reciente El escritor.

Optimismo a pesar del horror
Polanski, combinando la fotografía, la luz y la música con el estado de ánimo del protagonista, rueda con perfecto temple la costumbre de la desgracia y cómo ésta afecta al que la vive continuamente. La indiferencia, el miedo, el dolor,... todo se filma con crudeza, incluso el silencio y el vacío, los recuerdos ya inertes de un hombre que no deja de ser afortunado por sobrevivir y que convive con esa incertidumbre de lo que será la vida a cada instante, en ocasiones como una especie de condena que es el esperar a la muerte entre una subsistencia que amenaza con agotarse. La cámara tiembla al contemplar quizá los instantes anteriores a la muerte en ese espantoso mundo de sonidos bélicos donde, a pesar de las calamidades, se tiene la sensación de que el protagonista siempre estuvo donde tenía que estar y encontró a quien tenía que encontrar; inclusive los alemanes, con los que coincide directamente, le permiten albergar esperanza. Pero nada suena a impostado, apenas cabe posibilidad para el reproche. Sin embargo resultan insidiosas la eterna imagen del judío convertido en víctima, el carácter y la personalidad claramente cobardes del protagonista y, sobre todo, ese pasar de puntillas sobre los múltiples aspectos de la resistencia ofrecida por los habitantes del gueto de Varsovia, una gesta épica y de matices necesariamente reivindicativos que nadie, ni siquiera Polanski, parece dispuesto a contar.

5 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Hay muchas lagunas acerca de lo que verdaderamente sucedió entonces, y cada uno cuenta la historia según le conviene. En cualquier caso, no cabe ninguna duda de que Polanski es un director excepcional.

Domingo dijo...

Fernando Solera: Que Polanski es un "director excepcional" está fuera de toda discusión. El cine le debe a Polanski mucho más que éste al cine.

Marinel dijo...

Creo que el papel de su vida,me refiero a Adrien,que sin duda está genial.
No suelen gustarme sus actuaciones y aquí era el anillo de su dedo.
La película es una más de este terrible y vergonzante hecho que nos descubrió la humanidad más deshumanizada, desde la visión particular de Polanski
Un besote.

Kashtanka dijo...

Me impresionó la película, no sólo por la temática y la puesta en escena, el protagonista cumplió a la perfección con su papel.
Un besete, Domingo

Domingo dijo...

Marinel: La verdad es que el señor Brody lleva sin levantar cabeza desde su papel en "El pianista". No ha vuelto a brillar en ninguna otra de sus películas posteriores. Él mismo se puso el listón demasiado alto.

Kashtanka: La película está concebida para impresionar, pero lo hace desde la honestidad, y ése es su gran valor añadido.

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