3 de abril de 2012

HIROSHIMA, MON AMOUR

Algunos años después de haber acabado la Segunda Guerra Mundial, la actriz francesa Emmanuelle Riva llega a Hiroshima para intervenir en un film pacifista. Allí conoce al arquitecto japonés Eiji Okada, uno de los supervivientes de la bomba atómica caída sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. A través de Okada, Riva conoce la tragedia que sufrió la ciudad, de la que aún quedan vestigios. Y a través de Riva, Okada conoce el pasado de una mujer que también tiene su propia experiencia de la guerra por el asalto de la ciudad de Nevers por los alemanes. Emmanuelle amó en Nevers a un soldado alemán, y su memoria es imborrable. Ahora amará a Okada sin saber muy bien qué desenlace le aguardará.

Héroes inmóviles
Sobre un bello y personal guión de la novelista Marguerite Duras, Hiroshima, mon amour, dirigida por Alain Resnais, es una angustiosa historia de amor que se mueve entre la ficción y el documental, entre el cine y la literatura. Resnais consiguió una de las películas más representativas de la novelle vague al orquestar la acción en tres movimientos: 1º, la noche de los amantes en Hiroshima; 2º, el día en que se separan, se encuentran y se unen nuevamente en casa de él; y 3º, la larga noche de ese día en que recorren las calles de la reconstruida Hiroshima y ella le cuenta la historia de su primer amor.

Una apasionada historia de amor
Existen dos maneras de hacer cine: colocar la cámara delante de los personajes o introducirla dentro de la cabeza de ellos para ver qué es lo que se trajinan. Resnais eligió siempre la segunda posibilidad. Convirtió su cine en una reflexión sobre la memoria, y su arte en algo preciso e implacable. Sus largometrajes acaban al comienzo y empiezan al final. No hay nada místico en su obra, ni puentes de significado entre lo que sabemos y lo que sospechamos. La discreción es su característica más destacada. Sus personajes andan siempre preguntándose qué, quiénes son. Son héroes inmóviles, héroes fascinados por su pasado. En Hiroshima, mon amour la cámara lo es todo, y el tiempo un factor determinante. Todo el discurso se mueve en el presente: no son los ruidos de Nevers los que oímos en el momento en que Emmanuelle Riva habla, sino los de Hiroshima. No es al alemán al que ella mira, sino al japonés. Permanencia e inmovilidad por un lado, e inseguridad y movimiento por otro, la originalidad narrativa de esta película es indiscutible: el orden en que se presentan los acontecimientos pretéritos no es el orden en que han sido vividos. El orden de la narración es lineal, el del reconocimiento es circular. La memoria progresa en espirales. Este fraccionamiento es visible en el estilo. El film se abre con la imagen de dos cuerpos desnudos, entrelazados. No se ven las cabezas, pero sí los brazos y las manos. Los sucesivos movimientos están enlazados por fundidos encadenados. Contenido poético y estilo de gran ópera para una película que resquebrajó el lenguaje cinematográfico. Holocausto de amor.

3 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Pues no la he visto, pero por la estupenda crítica que has escrito sobre esta película, la verdad es que debe de merecer muchísimo la pena. Viva l'amour ;-)

CASSIOPEIA dijo...

Sublime. Hay pasión en ti y la transmites con cada palabra de esta crítica. En cada una de ellas hay un cúmulo de emoción contenida que lucha por salir, y si no lo hace, acabará explotando. Eso es en definitiva la pasión, ¿no?.
Me alegro de que vuelvas a escribir, ya se te echaba de menos. :)

Domingo dijo...

Fernando Solera: Que viva, Fernando, que viva, y por mucho tiempo. ;)

Cassiopeia: Yo también me he echado mucho de menos, no te creas. :P

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