A través del desierto de Gibson se extiende una cerca de alambre infinitamente grande que divide Australia en dos. En Jigalong, en el borde de esta frontera, vive Molly Craig, una niña mestiza de 14 años. En la ciudad de Perth, el señor Neville es el encargado gubernamental de velar por la integración de los aborígenes y su sometimiento a los blancos. Informado de la existencia de Molly, de su hermana Daisy de 8 años y de la prima Gracie, de 10, decide trasladarlas muy lejos de allí, a un centro de Moore River, 2.400 kilómetros en dirección sur, para educarlas en su futura vida de sirvientas. Semejante secuestro legal viene amparado por una disposición judicial emitida desde criterios autoritarios y paternalistas. Ajenas a esas motivaciones sociopolíticas, las tres chiquillas toman una decisión casi suicida: escapar de la institución en que han sido recluidas para regresar a su aldea. Las muchachas sólo saben que deben ir hacia el norte, y tras tres meses de interminable viaje están cerca de su objetivo, pero la persecución de Neville y de su rastreador negro Moodoo es implacable.
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| Heroísmo infantil |
Compañero de generación de George Miller y de otros notables del cine australiano, Philip Noyce ha demostrado desde finales de los 80, fecha de la impactante Calma total, su capacidad para desplegar un estilo narrativo que goza con la minuciosa descripción de personajes enriquecidos con no pocos matices. Es el caso de Generación robada. De entrada, se enfrenta al espectador con una situación de lacerante injusticia, y esa injusticia deviene en drama itinerante de la mano de tres niñas angustiadas y desvalidas que finalmente triunfan. Consciente de la necesidad de mantener a toda costa el final feliz, Noyce tensa al máximo la cuerda del suspense para funcionar en una doble vertiente que alterna cine de denuncia con la siempre difícil empresa de convertir en héroes a niños victimizados por una sociedad demasiado autocomplaciente y segura de sí misma.
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| El implacable Neville |
Cuando empiezas a ver Generación robada te das cuenta de que se trata de una historia verdaderamente especial y, al llegar al desenlace con lágrimas en los ojos, la sensación es de que se trata de algo increíblemente edificante. Crees estar ante una película que debía hacerse, todos tus resortes emocionales quedan tocados. Te preguntas cómo Molly logró convencer a las otras dos niñas para afrontar todo aquel recorrido de vuelta a casa, cómo pudieron sobrevivir a tan horrible trayecto a través de la indómita geografía australiana. Y es que la distancia tan tremenda del viaje y finalmente la llegada al hogar son episodios que provocan emociones muy especiales, muy hondas. Sin duda una pequeña gran película digna de ser tenida en cuenta.



2 comentarios:
Es del tipo de películas que más me gustan. Bonitas, que te dejan con buen sabor de boca al final. Como dice Jodorowsky: "El arte que no sirve para sanar, no sirve para nada".
Fernando Solera: Las películas se pueden dividir en dos grandes grupos, las necesarias, como "Generación robada", y las que no lo son. Y a partir de ahí fíjate la gama que hay.
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