15 de junio de 2012

DERSU UZALA

Un destacamento del Ejército soviético, encabezado por el capitán Vladimir Arseniev, efectúa prospecciones geológicas en la región de Ossuri, en plena taiga siberiana. La dificultad que la naturaleza les opone se va a ver compensada por el encuentro con Dersu Uzala, un cazador solitario de origen mongol que ha perdido a toda su familia y que se ofrece como guía de los soldados a través de los inhóspitos bosques rusos. Una profunda amistad surgirá entre el capitán y el viejo cazador. Juntos lucharán contra una terrible tempestad y se hermanarán con una naturaleza a veces cruel y a veces amiga. Pero al final, a Dersu Uzala comienza a fallarle la vista, a flaquearle las fuerzas, y se retira a la pequeña ciudad de Kabarowsk, en casa del capitán, con su mujer y su hijo, pero no soporta esta vida encerrado entre cuatro paredes, decide volver a cazar y su amigo le regala un rifle estupendo con el que le resultará más fácil hacer puntería. Poco después se recibe la noticia de que ha aparecido su cadáver, le han matado para robarle el rifle y el capitán Arseniev acude a su entierro.

Un poema sobre la amistad
Narrada a través de un largo flash-back, originado por la búsqueda, en 1910, de la tumba de Dersu Uzala por parte del capitán Arseniev, describe la fuerte amistad surgida entre ambos durante dos expediciones y su triste final. Espléndido canto al hombre y a la naturaleza lleno de amor hacia los personajes y su entorno, en Dersu Uzala numerosas secuencias nos conmueven por su extraordinaria belleza. Las escenas nocturnas, el encuentro con un viejo chino, la lucha contra las duras condiciones meteorológicas, denotan la esperanza en el hombre de Akira Kurosawa, quien firma aquí su obra maestra, una hermosa historia de amistad entre seres puros que propone un modelo armónico de vivir. La primera aparición de Dersu en la película nos hace pensar en el hombre primitivo. El aspecto simiesco -piernas arqueadas, piel acartonada, estatura escasa- queda desmentido de inmediato por su comportamiento: entra en escena con paso vivo, saluda educadamente a los soldados, se sienta con ellos al fuego y enciende su pipa. Para el capitán Arseniev, y también para el espectador, Dersu aparece como el buen salvaje. Guarda silencio mientras la soldadesca canta sus estúpidas canciones. Está en su territorio, no necesita planos ni mapas para orientarse, y poco a poco vamos comprendiendo que, en la taiga y en la tundra, los salvajes son el capitán y los soldados, somos nosotros, indefensos ante un mundo del que ignoramos casi todo, mientras que el hombre culturalmente evolucionado y con recursos inteligentes ante la naturaleza hostil es Dersu, el cazador. La civilización del capitán tiene sentido en su pequeña ciudad provinciana, pero lo pierde en la inmensidad de los bosques, donde las coníferas saben alimentarse en invierno del suelo helado. Cada cazador en su territorio, parece decir la película. Y, territorio por territorio, el de Dersu resulta más atractivo.

Dersu Uzala, el cazador
Dersu Uzala, como todas las grandes películas narradas con sutileza pero también con decisión y a buen paso, no es codificable ni encuadrable, y analizarla resulta tan fatuo como inútil. Pertenece al reino de la emoción, de las sensaciones, del afecto inmenso hacia los personajes que cruzan la pantalla, de comprender y admirar una conducta pura y vital. Kurosawa retrata y se compromete con los buenos sentimientos, con la epopeya y el lirismo, con la aventura como actitud de supervivencia, con la férrea, honrada, generosa, extraordinaria amistad entre dos hombres, con las leyes rituales de la naturaleza, con el viaje y con el esplendor, decadencia y muerte de un viejo sabio, de un hombre bueno llamado Dersu Uzala. Con este material, que algunos pueden considerar ñoño, reaccionario o pasado de moda, se construye un poema de admirable cadencia, exento de blandura, nada maniqueo. Habrá confesiones desgarradoras sobre el pasado y el infortunio, alguna borrachera, conversaciones al anochecer, alegría compartida, alborozo después del triunfo cotidiano, encuentros con personajes desolados que viven en la estepa porque las personas más cercanas les destrozaron el corazón, y fraternidad y energía ante las trampas de la adversidad. Quedará la huida, la muerte y el recuerdo, y la lucha del hombre contra el tiempo que se agota y una escena magistral. Aquella en la que Dersu y Arseniev se despiden, creyendo que es para siempre. Dersu se aleja hacia los bosques inmensos. El capitán avanza con los soldados cantantes por lo que ya es su territorio: las vías del ferrocarril. El grupo se detiene súbitamente y los soldados interrumpen su canción. Todos se vuelven hacia Dersu. A lo lejos, también en su territorio, Dersu los mira un instante. El capitán grita su nombre y el cazador, el suyo. Son dos gritos primitivos de dos hombres saludándose con emoción y respeto.

2 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Por poner un pero quisquilloso a esta gran crítica, creo que se dice "con emoción y respeto". La preposición desde se utiliza para referirnos a un lugar. Sé que se ha puesto muy de moda en los últimos años decir, por ejemplo, "te lo digo desde el cariño", pero no deja de ser una moda muy poca rigurosa con la lengua española. Espero que no se me moleste usted, señor Puerta, pues se lo digo con todo el cariño que le profeso ;-)

Domingo dijo...

Fernando Solera: Hasta los mejores escribanos echamos un borrón de vez en cuando. ¡Ja,ja,ja,ja! :P No, en serio, de quisquilloso nada, amigo Fernando. Haces muy bien en advertirme de estas inexactitudes, porque más vale corregirlas a tiempo que profundizar en el error. Un abrazo, don Fernando Solera Lázaro Carreter. ;)

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