Un dios salvaje, adaptación al cine de la obra de teatro de Yasmina Reza, es una reflexión sobre los impulsos más primitivos del ser humano, que en manos del cineasta Roman Polanski adquiere una acidez y una ironía que no aparecen en el texto original. Con Christoph Waltz, Kate Winslet, Jodie Foster y John C. Reilly, la película es un magnífico ejercicio de narrativa cinematográfica trasladado a un territorio complicado, pero que Polanski domina a la perfección. Un ambiente claustrofóbico, un espacio cerrado del que parece que los personajes no pueden salir, se convierte en la caja de Pandora, de la que saldrán incontenibles las pasiones primarias de los cuatro individuos que protagonizan la historia. El filme se desarrolla casi por completo en el salón de una casa. Allí se reúnen dos parejas, padres y madres de dos adolescentes que han tenido una pelea a la salida del colegio y que intentan limar asperezas y resolver la situación de una manera civilizada. Sin embargo, lo que comienza como una velada de buenas intenciones se va transformando en una pesadilla. El ambiente es cada vez más tenso y la cordialidad y cortesía iniciales van mudando en enfrentamiento hostil. Cada pareja se enfrenta a la otra, los padres de la víctima se afanan por conseguir una especie de reconocimiento de los progenitores del agresor. Hay ira contenida, sonrisas de desprecio, indirectas atinadas... hasta que todo explota y el control que han intentado ejercer los personajes se disuelve en medio de la irritación general. Unos contra otros, da igual ya quién es pareja de quién, se enredan en una batalla gestual y de palabras que no augura nada bueno.
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| A punto de explotar |
La historia se narra en tiempo real, poco menos de ochenta minutos, y en ella Polanski hace un retrato de la brutalidad humana a través de estos adultos empujados a la lucha y a la descalificación. El encuentro entre ellos va degenerando hacia lo irracional, en una exhibición de los peores instintos del hombre. En su reunión salen a la luz sus prejuicios, sus ideas intolerantes, sus debilidades, sus contradicciones. El director polaco se burla a través de sus personajes de los prejuicios habituales sobre los que se sostiene la clase media americana. Las parejas enfrentadas parecen, a primera vista, completamente diferentes. Nancy y Alan Cowan, una inversora de bolsa y un abogado de empresas farmacéuticas, son un matrimonio convencional, con buenos trajes y maneras impecables. Por su parte, Penélope y Michael Longstreet, una escritora de libros de arte y un mayorista de productos de ferretería, son una pareja de aspecto liberal y progresista. Poco a poco, las fronteras entre ellos se van difuminando y las mujeres se alían entre ellas cuando los hombres comienzan a entenderse. Lo que menos importa ya es la disputa de sus hijos, hacia dónde irán en su futuro, qué les hace reaccionar como lo hacen.
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| Frágil intensidad |
En cierto modo, cada uno de los personajes es un hipócrita que piensa que si todo el mundo pensara como ellos, entonces el mundo sería perfecto. Por eso muestran su mejor actitud, pero finalmente no pueden aguantar más y estallan. Cada uno de ellos se quitará la máscara en un momento diferente de la historia, retrato devastador sobre cómo se educa y cría a los hijos en Estados Unidos. Jodie Foster, que encarna al personaje probablemente con más contradiciones de todos, desarrolla un papel que le viene como anillo al dedo. Seria y tremendamente educada, empieza revelando su propia personalidad, pero según avanzan los acontecimientos se va convirtiendo en una caricatura de sí misma, poniendo de manifiesto la fragilidad de las relaciones y las cicatrices que todos llevamos dentro.



4 comentarios:
Sabes que me ha encantado leerte,verdad??? No sólo cada uno de los personajes es un hipócrita, sino que se añade la lucha de sexos. Y todos acaban contra todos. Fabulosa!!
Un besillo Domingo, sigo por aquí...
Pues esta película se me había pasado por alto, y eso que tanto el director como el reparto me parecen de primera. Mención aparte merece la señora Winslet...
En cuanto a las miserias humanas, lamentablemente no me hace falta ir al cine para saber que somos sin duda el peor de los animales de la creación. Prácticamente cualquier ser vivo demuestra mayor nobleza que la personas. Y si no, que le pregunten a Schopenhauer acerca de lo encantadores que somos los seres humanos.
La quiero ver, sí. Me encanta el título, jaja.
Anotada queda.
Ya me da vergüenza ver esa agenda llena de pendientes, no sé qué hago con el tiempo.
Un beso!
Kashtanka: Desde que pusiste una reseña de esta peli en tu blog he querido verla. Y como ves, hago los deberes. ;)
Fernando Solera: Yo creo mucho en la dualidad del ser humano, en su capacidad para hacer lo mejor y lo peor. No obstante, del género humano han salido tanto la Capilla Sixtina como las cámaras de gas.
Dinsmoor: Es que con tanto estudio no me sacas tiempo para nada. ¡Je,je,je!
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