19 de agosto de 2012

LUGARES COMUNES

Cuando Fernando Robles, un sexagenario profesor de pedagogía de la Universidad de Buenos Aires, recibe la noticia de su jubilación forzosa, un hecho que va a cambiarle la vida, siente cómo caen sobre él todas las preguntas que desde hace años ha planteado a sus alumnos como parte de su labor educativa. Sintiéndose aún capaz de enseñar y de seguir aportando algo a una sociedad rota, el viejo maestro se ve relegado a engrosar la enorme masa de los condenados a vivir en la desesperanza, en la amarga y resignada placidez de la clase media.

Fuera del sistema
Otra vuelta de tuerca sobre la crisis sistémica que asola a Argentina, pero ahora con la mirada puesta en esa legión de jubilados que, tras haber dado a la sociedad lo mejor de sí mismos, se ven abocados a la más completa de las indefensiones, mayor aún, si cabe, en el caso de personas de alta capacitación intelectual, que ven cómo su tragedia personal está indefectiblemente unida a la tragedia colectiva de un país anegado por la corrupción y el miedo.

Aristarain, el dolor de la lucidez
Lugares comunes trasciende el panfleto y la furia para situar su propuesta en el retrato cotidiano de los perdedores, y se convierte en el mayor desafío al que se ha enfrentado el siempre eficaz Adolfo Aristarain, director argentino habituado a contarnos historias sobre su país en quiebra tomando como punto de referencia casi único las vivencias de sus protagonistas, personajes que, acojonados por un futuro convertido en trampa, habitan siempre el filo de la navaja. Con la ayuda de Federico Luppi, actor con el que ya ha trabajado en numerosas películas -lo que lleva a pensar en un nivel de identificación poco común- y de la española Mercedes Sampietro, Aristarain plantea cuestiones de pura lógica y un vigoroso y sentido drama crepuscular, protagonizado no por esa clase media que vivió décadas de prosperidad y hedonismo antes de ser absorbida por la crisis, sino por esas gentes a las que su propio idealismo juega una última mala pasada.

3 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Reconozco que tampoco la he visto. Afortunadamente para los cinéfilos, el cine argentino ha llegado a las pantallas españolas con fuerza, gracias tanto a actores como directores que han sabido tocar nuestra fibra sensible.

Esilleviana dijo...

Sí la he visto y hace tiempo. Escuché una tertulia sobre este asunto, la injustificada jubilación y alejamiento de la vida laboral de ciertas profesiones y carreras que en plenas facultades, se ven obligados a abandonar su quehacer, por ejemplo es el caso de investigadores, científicos, catedráticos que tras una larga vida laboral y de estudio/formación, deben desvincularse de todo lo realizado hasta ese momento, algo frutrante para una persona que no ha hecho otra cosa en su vida y sobre todo, no desea retirarse.

Un buena película, con un gran mensaje y estupendos actores.

Un abrazo

Domingo dijo...

Fernando Solera: Creo que la última peli de Darín, "Elefante blanco", todavía resiste en la cartelera. A ver si me acerco a verla un día de estos, antes de que suba el IVA. :P

Esilleviana: Así es, hay profesiones y profesiones. Si eres minero, cantero o artificiero, por poner tan sólo unos ejemplos, lo deseable es jubilarse cuanto antes mejor, por lo penoso de las condiciones de trabajo, pero jubilar a un catedrático o a cualquier otro intelectual en la sesentena, cuando está en su momento de máxima brillantez, supone enterrarle en vida. Desaprovechar el talento, desperdiciarlo, es un crimen.

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