6 de septiembre de 2012

800 BALAS

En el desierto de Tabernas, un remoto rincón de Almería, sobrevive un viejo y polvoriento decorado del Oeste en el que en los años sesenta se rodaban spaguetti-westerns. Finalizados los buenos tiempos, los especialistas de aquellas películas reproducen una y mil veces sus secuencias de acción ante grupos cada vez más reducidos de turistas guiris. Para cualquier persona se trata de un espectáculo patético, pero para sus protagonistas es la única forma de vida que vale la pena vivir, y por ella están dispuestos a llegar donde haga falta.

Te echamos de menos, Sancho
Autor de algunas de las películas más innovadoras del reciente cine español dotadas de una cuidada puesta en escena y un guión a contracorriente, Álex de la Iglesia homenajea a unos perdedores incapaces, después de rozar la gloria, de reinsertarse en una vida convencional. Asumiendo que los suyos son héroes marginales y que por nada del mundo se deciden a dejar de serlo, De la Iglesia introduce la mirada inocente de un niño, la sabiduría existencial de un Sancho Gracia impagable y peleón, y la codicia de los nuevos triunfadores, tiburones de las finanzas que no se paran en barras a la hora de condenar al paro a unos hombres sin otro lugar a donde ir fuera de esa quimera decadente hecha de recuerdos y toneladas de cartón piedra. Es entonces cuando salen a relucir esas 800 balas con las que resistirse al destino.

Erguida dignidad
800 balas, un espectáculo muy cercano a la tragicomedia, es la historia de un individuo que hace lo que quiere, sin pensar en las consecuencias. Y cuando se da cuenta de que no va a poder seguir haciendo lo que le gusta, decide cambiar las balas de fogueo por las de verdad. Su fantasía cinematográfica se convierte en una tragedia real provista de un aura de nobleza. Es la historia de un rey a punto de perder su corona, una cuestión de honor que puede adquirir proporciones épicas; la historia de un hombre básico dispuesto a pelear. Es probable que muchos vean en esta película un simple divertimento para pasar el rato, pero tampoco está de más descubrir ese velado homenaje a la profesión del especialista y ese deje de nostalgia por un tipo de cine sepultado, literalmente, por la modernidad y los efectos digitales.

2 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Tengo ganas de ver esta peli, especialmente tras leer esta crítica que homenajea al gran Sancho Gracia. Intuyo que merece la pena verla.

Domingo dijo...

Fernando Solera: Pues déjame que te diga que intuyes francamente bien. ;)

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