22 de febrero de 2012

LA GRAN FAMILIA

Si se hiciera una antología de secuencias escogidas del cine español, de esas que se quedan en la memoria colectiva como iconos de una época inmediatamente reconocibles, seguramente ocuparía un lugar de honor la de Pepe Isbert en la Plaza Mayor navideña, mientras cae la noche buscando a su nieto pequeño: "¡Chenchooo!". Con su voz cascada, lograba que el público compartiera su angustia con el corazón en un puño. O lo que es lo mismo, aquello era el arte de convertir una situación bastante cotidiana en uno de los más notables momentos dramáticos de la Historia de nuestra pantalla.

El pequeño Chencho
La gran familia, cinta dirigida en 1962 por el matemático de formación Fernando Palacios, es un clásico de la comedia nacional que sigue funcionando entre generaciones sucesivas gracias al fabuloso hallazgo de hacer una película basada en las peripecias de la vida cotidiana. La clave consistía en resaltar las situaciones ordinarias de un núcleo extraordinario. Un matrimonio (Alberto Closas y Amparo Soler Leal) con 15 hijos a los que se unía el abuelo y el cuñado-padrino (un estupendo José Luis López-Vázquez). La superpoblación hogareña provocaba una sucesión de anécdotas sobre las que se sostenía un argumento, entre el neorrealismo amable y el costumbrismo risueño, sobre las dificultades, estrecheces y gozos que le suponía salir adelante a tan abundante prole. Nadie olvida las largas horas que Carlos Alonso, el cabeza de familia interpretado por Closas, pasaba en el estudio de aparejadores, intentando ganar horas al reloj, con sus gafas y su cigarrillo humeante entre los dedos. Era el primero que se levantaba y el último en llegar a casa. Soler Leal será recordada también como la abnegada madre del clan, siempre dispuesta a escuchar a grandes y pequeños y sin horario fijo que cumplir.

Un dúo irrepetible
La semilla del guión podía verse en los noticiarios de la época, donde la esperanza del desarrollo económico correspondía con el fomento gubernamental de la natalidad en un país que ya empezaba a olvidar su reciente pasado, para lo que creaba premios y ayudas a las familias numerosas que iban proliferando. Las posibilidades del asunto no se le escaparon al sagaz Pedro Masó, cerebro y factotum de muchas de las más significativas comedias de los 60, desde Las chicas de la Cruz Roja, pasando por Atraco a las tres, hasta Sor Citroën. Masó, guionista, productor y verdadero padre de la criatura, un cineasta infatigable con un singular olfato para atrapar fenómenos latentes y convertirlos en película, tocó con la varita del éxito este divertido alegato a favor de la unidad de la familia como fuente de aventuras y cultivo de entretenimiento.

9 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Pues es una película que, además de resultar entrañable, nos sirve para ver cómo han cambiado los tiempos. Ahora las parejas no tienen hijos o los tienen a una edad muy mayor, mientras que entonces se tenían varios hijos antes de cumplir los treinta. Algo estaremos haciendo mal.

Domingo dijo...

Fernando Solera: Ya no se hacen películas así. Suena a topicazo, pero nunca un tópico resultó tan certero. Y sí, los tiempos han cambiado. Me gustaría creer que a mejor, aunque por el camino se han extraviado no pocos valores en pos de un progreso mal entendido.

Dinsmoor dijo...

Acá tenemos a "Esperando la Carroza", ¿la has visto?

Domingo dijo...

Dinsmoor: No he tenido el placer, pero tomo nota. Oído cocina. ¡Je,je,je! ;)

Marinel dijo...

Película que nos muestra la etapa de la familia por antonomasia,donde lo que prevalece es el afecto,la dedicación incondicional,el amor filial y paternal.
Unos valores casi obsoletos o al menos tan minimizados como la evolución va en avance.
Por suerte no finiquitados y por suerte también,tampoco estamos bajo aquel yugo que aniquilaba otras cosas,aunque no dejo de reconocer que en este tema nos daban cien vueltas.
Besazos.

Domingo dijo...

Marinel: Entre todos, cada cual que asuma su cuota de responsabilidad, hemos construido la sociedad del contravalor. Hay poco respeto y poco civismo, pero no sólo a nivel familiar, sino en todas las esferas y ámbitos tanto de la vida pública como de la privada. Es una epidemia.

María dijo...

Buenoooo pues sí te ha dado por publicar, te has disparado jajajaaj, pero me quedo en esta película que me resulta entrañable, y que la he visto montones de veces, yo la recuerdo con gran cariño, y siempre que le veo me emociona.

Fíjate los hijos que tenían antes, y ahora la familia se ha quedado reducida y parece que con más problemas que antes tenían con tanto hijo.

Un beso.

Domingo dijo...

María: ¡Je,je,je! Sí, a lo tonto, y a post por día, ya llevo 11 reseñas cinematográficas. A ver lo que me dura la energía, que esto quema mucho. Un abrazo. :)

Anónimo dijo...

Qué incultura tengo...
Películas del año de la polka que sigo desconociendo y para colmo, me considero cinéfila. Ojalá solo bastara con tener pasión por algo.

(La tendencia de hablar de uno/a mismo/a cuando se desconoce algo también es un séptimo arte jeje)


:)
Moti

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