Sin retorno, la ópera prima de Miguel Cohan protagonizada por Leonardo Sbaraglia y el joven actor Martín Slipak, es un drama envuelto con los elementos de un thriller, donde se propone una reflexión alrededor de la justicia, de la responsabilidad individual y colectiva y sobre el papel de los medios de comunicación en la sociedad de hoy. La historia comienza con un accidente de tráfico. Federico Samaniego, un ventrílocuo que acaba de terminar su show, tropieza con una bicicleta que se encuentra tirada en la calzada. Ofrece su ayuda al ciclista, pero éste le rechaza. Poco después, un joven y su amigo atropellan al ciclista y se dan a la fuga. La presión mediática, azuzada por el padre de la víctima, un hombre necesitado de encontrar al culpable y llevarlo a la cárcel, acelera los acontecimientos que desembocan poniendo en el banquillo de los acusados al tipo equivocado, un falso culpable. Sbaraglia, en este papel, se enfrenta al reto de interpretar a un personaje que cambia radicalmente, un humorista al que la cárcel transforma en una persona diferente y que vive obsesionado con conseguir que se haga justicia y recuperar su identidad moral. Frente a él, Slipak debe encarar el sentimiento de culpa y comprender la responsabilidad que ha asumido al tomar la primera decisión importante y trágica de su vida de adulto: abandonar en la calle a una persona.
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| Sbaraglia interpreta a un ventrílocuo |
Los asuntos más interesantes de esta película son cómo una familia disfuncional vuelve a funcionar para proteger al hijo que comete un crimen y la forma en que asumimos nuestras responsabilidades y los sacrificios que éstas llevan aparejadas. Y eso nos lleva a la cuestión de hasta dónde estamos dispuestos a llegar para restablecer el orden necesario. Así nos chocamos de bruces con la urgencia de justicia que nace del dolor del padre de la víctima y su deseo de clavar el aguijón a quien sea, los tiempos mucho más lentos de la propia justicia y cómo los medios de comunicación, con tal de dar una noticia, pueden destrozar la vida de alguien.
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| Falso culpable |
Sin retorno es una película de absoluta actualidad, no tanto por el argumento como por la omnipresencia en el mundo occidental de los síntomas que presentan sus personajes. Ellos son ciudadanos respetables de clase media que esperan adquirir todos los derechos de que se ha hecho merecedora la sociedad, pero sin ofrecer nada a cambio, sin llevar la cuenta del debe y el haber, sin prestarse a cumplir sus obligaciones. Organizados como un cuerpo único sólo en su feroz individualismo, los personajes de esta historia, con sensibilidades éticas diferentes y que sienten que las instituciones están para protegerles, no están dispuestos a hacerse responsables de sus actos. Y entre ellos, los medios de comunicación, sensacionalistas, poco profesionales, manipuladores y manipulados, se cuelan para proporcionar su justicia. La idea es tratar de evitar un final donde la venganza de alguien restablezca el orden y deje a los espectadores tranquilos, porque en la vida real eso no pasa, existen agujeros negros. La situación que se presenta en Sin retorno, donde se siguen los pasos de un pobre hombre, un falso culpable, hace reflexionar más allá de lo concreto de su historia. Ahora, en medio de una crisis que se extiende por todo el primer mundo (el resto no sale nunca de ella), nos sentimos todos falsos culpables, nos hacen cargar con el castigo de la crisis sabiendo que es inmerecido, que los responsables directos son otros. Pero al mismo tiempo eludimos la responsabilidad -aunque indirecta-, olvidándonos de que tal vez si asumiéramos nuestra parte de compromiso, hoy tendríamos la fuerza que hemos perdido y la ética social en que se sustenta.



5 comentarios:
Me ha gustado especialmente tu reflexión final acerca de la crisis y las culpabilidades. La crítica, como siempre, estupenda.
Fernando Solera: Y tú siempre tan generoso en tus palabras. Muchas gracias. ;)
De toda tu redacción me quedo, sin duda, con tu reflexión sobre dos asuntos de gran interés. Uno de interés colectivo, el otro, solo de interés para aquellos que se identifican con el tema y espíritu en cuestión.
El primero, la crisis y la culpabilidad, la irresponsabilidad también.
El segundo, la auto crítica en cierto modo que haces al mundo del periodismo y los medios de comunicación. Un acierto aquello de "manipuladores y manipulados".
De nuevo, chapeau.:)
Cassiopeia: Chapeau tú. ¡Solete! :D
Peli para echar la tarde y ni que tan mal jejeje
:) Moti
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