Hay muchas películas malas, bastantes películas buenas, algunas películas clásicas y muy pocas películas irrepetibles. Las películas irrepetibles suelen ser películas de atmósfera, como Ladrón de bicicletas o El tercer hombre, pero la obra maestra de las películas irrepetibles es Casablanca. Casi todo el mundo ha visto Casablanca, conoce su argumento, los personajes y el contexto. Para mí, este melodrama Warner en blanco y negro es la película mejor repartida de la historia del cine. Desde sus estrellas a la galaxia de secundarios, estamos ante la superobra maestra del casting. Viendo Casablanca se aprende más cine que en 500 películas.
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| El café de Rick |
Los diálogos de esta obra fundamentalmente ética, diálogos mitad escuela dura en su variante de fatalismo romántico, mitad sentimentalismo con altos grados de colesterol, son de los mejores que se han oído nunca en una pantalla. No es casualidad que de ninguna otra película la gente conozca más frases que de ésta. Tampoco creo que se haya escrito más de obra cinematográfica alguna que de esta historia de amor perdido, vuelto a encontrar y que se pierde definitivamente.
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| La secuencia final |
Casablanca es una prodigiosa sucesión de momentos perfectos, y eso sólo está al alcance de narradores portentosos como Michael Curtiz. A mí, además, Casablanca me da la impresión de ser la película donde más alcohol se bebe y más cigarrillos se fuman, lo cual no sé si está bien o mal, pero a mí me gusta. Y puesto ya decididamente a dar doctrina, Casablanca es la última obra verdaderamente importante que nos ha dado la cultura contemporánea desde 1942. Después, con Auschwitz, la bomba atómica, la televisión y la carrera espacial, el mundo sería otro. No sé si mejor o peor, pero, desde luego, con menor amor. Y mira por donde, en nuestro mundo, y en el de antes, todos seguimos queriendo ser amados. Bueno, pues Casablanca nos da amor. En primer lugar, amor de amor. Y luego, amor en sus apartados de generosidad, esperanza, idealismo, tolerancia y sacrificio. Y es que la historia de amor entre Humphrey Bogart e Ingrid Bergman es ya un mito del cine romántico. Es una suerte de nostalgia blanca, de primera borrachera, de primer beso, de primera chica, de primer dolor de corazón.



5 comentarios:
Qué bonita crítica. Y pensar que fue una película que se escribió sobre la marcha, con muchos cambios en el guión...
A mí particularmente lo que más me gusta de Casablanca es Ingrid Bergman, sensible que es uno :O)
Coincido con Fernando Solera, qué bonita crítica.
Un beso, Domingo.
Fernando Solera: ¡Qué grande la Bergman! Qué pena que su hija, Isabella Rossellini, no haya sacado el duende de su madre.
Dinsmoor: Si la crítica te ha gustado, cosa que te agradezco, la película te gustará infinitamente más. Garantizado. ;)
Me encanta, me encanta y me encanta esta película.
Es adorable ver a un hombre tan duro, perdidamente enamorado hasta el punto de preferir la felicidad de la mujer que ama a la suya, e incluso arriesgarse a morir o ser encarcelado por amor.
Ays,qué bonita.
Me gusta mucho también esa escena final de los dos amigos tan distintos e iguales al mismo tiempo,alejarse por el angar.
Marinel: Creo que está todo dicho. "Casablanca" rompió el molde. Nunca jamás habrá película semejante, por más siglos que pasen.
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