Tras verse afectados por la reconversión industrial, un grupo de parados que pasan de largo los cuarenta años lucha con todas sus fuerzas, que obviamente son pocas, contra la desesperación y la frustrante falta de horizontes que les es impuesta por su nueva condición de excluidos del sistema de bienestar.
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| Daños colaterales de una economía globalizada |
Cuando en 1998 Fernando León de Aranoa sorprendió a buena parte de la crítica y el público con su particular y un tanto academicista visión de la vida en un Barrio, muchos apuntaron a su capacidad para retratar los pliegues más sombríos de la sociedad, capacidad paralela a su gusto por fomentar un modelo de cine mucho más crítico y cercano a la realidad. Amparada en un reparto cuyos miembros se integran en sus papeles a la perfección, Los lunes al sol apunta directamente al corazón.
Un lenguaje directo y la caleidoscópica exposición de un problema que trasciende las estadísticas para colarse a través de las puertas cerradas de los dormitorios constituyen la mayor fuerza de esta película y logran que olvidemos su principal defecto: la falta de explicaciones de por qué las cosas son como son. Sabemos que los parados sufren, gritan en el silencio y se desmoronan poco a poco, pero no aparece por ninguna parte el culpable, individual o colectivo, de su desgracia, y al pasar por alto la existencia de ese culpable, la supuesta crítica se queda en nada, en mero espectáculo conmovedor. Es lícito defender el carácter cinematográfico de Los lunes al sol, su calidad como producto comercial, pero de ahí a pretenderle un alto grado de honestidad media un abismo. De hecho, los desempleados engrosan las filas de los sin voz, y los sin voz no hacen películas.



6 comentarios:
El cine social de Fernando León de Aranoa recuerda un poco al de Ken Loach, pero a mí me deja un poco frío, pese a las interpretaciones de actores como Bardem. Si bien hay que reconocer que es una buena película, tampoco se puede soslayar que deja la sensación de no haber querido ir más allá, como bien apuntas.
Fernando Solera: Así es, amigo Fernando. Tu tocayo es prodigioso a la hora de narrar el "qué", el "quién" o "quiénes", el "dónde", el "cómo" y el "cuándo", pero siempre se le escapa o deja escapar, eso ya no lo sé, el "por qué". De ahí que sus películas, aun gustándome mucho, se queden un poco cojas, según mi modesto criterio.
Pues a mí me gustó a pesar de que en algunos momentos se me hizo pelín pesada,pero repito:
Me gustó sentir que la realidad trascendía y se hacía película apesadumbrada.
Quizá no soy experta y podría haber ido más allá, no lo sé.
Besos.
Oye,Domingo,que me sabe mal,pero no entiendo por qué no me salen tus actualizaciones si te sigo desde el principio. Sabes por qué puede ser?
Marinel: He investigado sobre el asunto y sigo sin saber por qué pasa eso. Ni la más remota idea. No sé cómo resolverlo. Más me valdría haber estudiado Informática y no Periodismo. ¡Juas!
A mí tampoco me salen tus actualizaciones, Domingo.
Dinsmoor: Soy incapaz de dar con el problema, pero seguiré con las pesquisas. ;)
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