Creo que nunca vi por primera vez Ciudadano Kane. Hay personas de las que te han hablado tanto, de las que has visto fotos y oído tantas opiniones, que ya las conoces sin que te las hayan presentado. De Ciudadano Kane había visto muchos fragmentos, fotos y comentarios críticos, así que no me sorprendió demasiado cuando, recién aterrizado yo en la carrera de Periodismo, la proyectaron en mi Universidad. Realmente, el conocimiento fragmentario de la película se acerca bastante a lo que la película es. Y quizá su modernidad y su revaloración continuada resida en la destrucción de la línea argumental continua. La vida tampoco es continua, ni la realidad. Así que una película tampoco tiene por qué serlo. Ciudadano Kane tiene, además, algo de juego. Lo que más me gustó cuando vi su proyección íntegra fue que me recordó el Meccano de mi infancia. Hoy la vida se ha hecho aún más fragmentaria. Hay más rotos, trozos y agujeros que líneas. Por eso la película se entiende mejor en 2012 que en 1941.
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| Sobre una montaña de periódicos |
En realidad, no es una película genial. El genio es Orson Welles, pero no la película. Es uno de esos casos en los que la influencia de una obra de arte es superior a ella misma. El invento, el truco, el espectáculo no dejan ver la narración. La cámara no deja ver la película. Pero eso ya no importa. Ciudadano Kane ya es una obra referencial, un antes y después del lenguaje cinematográfico. Y, sobre todo, un mito. Y los mitos no se pueden racionalizar. Ciudadano Kane habla de la búsqueda de la felicidad, de la frustración y de la ambición. Temas que se repiten en la filmografía de Welles. Ahí tenemos al ambicioso Macbeth, al viejo holgazán traicionado de Campanadas a medianoche o al joven aristócrata que pierde su fortuna en El cuarto mandamiento. Welles no se acerca a Charles Foster Kane desde una perspectiva tradicional. El espectador es situado en el final de su vida. No sabemos nada de él, y a través de una serie de entrevistas con sus más íntimos vamos descubriendo poco a poco las penurias y obsesiones de este enigmático magnate de la comunicación que acaba de morir en su imponente mansión de Xanadú. Rosebud, la misteriosa palabra que vomita en su lecho de muerte, da lugar a la investigación de Jerry Thompson, el periodista encargado de realizar un reportaje sobre el multimillonario editor de diarios. Thompson interroga a los que mejor le conocieron, sus mujeres, sus empleados, sus amigos, y reúne una serie de testimonios parciales, subjetivos, incompletos. Ninguno da la medida del hombre ni desvela el secreto de Rosebud. El periodista, finalmente, desiste: "Ninguna palabra basta para explicar a un hombre". Un personaje público al que descubriremos a través de su vida privada, una vida acompañada por la soledad.
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| El magnate Kane |
Rodada con un gran despliegue imaginativo, Ciudadano Kane está llena de trucos, en especial en los decorados y la iluminación, propios de quien domina el mundo teatral, de nuevos elementos sonoros, de claro origen radiofónico, y de las innovaciones típicas de quien no sabe nada de cine y quiere experimentarlo todo. Destacan sus argucias dramáticas, su innovadora estructura apoyada en una sucesión de flash-backs, la perfecta utilización de las elipsis narrativas y la profundidad de campo. Además, muestra la obsesión de Orson Welles por la vejez y la muerte, dentro de un conjunto de gran brillantez, pero de excesiva frialdad, al dominar peor los recursos dramáticos que los puramente narrativos. En cualquier caso, ver Ciudadano Kane es parecido a recorrer furtivamente la ciudad, escuchando en medio de la noche el repiqueteo de nuestras propias pisadas sobre el adoquinado húmedo, hasta quedar extasiados ante el escaparate de una pastelería. Y todo para comprender que Charles Foster Kane era un ser especial que pensaba que no tenía límites. Quería volar más alto y más rápido, amar como nadie a las más bellas mujeres, poseer en suma todo lo que pudiera. Y esa megalomanía o soberbia le precipitó al abismo.



3 comentarios:
Maravillosa crítica para una película que marcó una época porque, como bien apuntas, fue pionera en muchos aspectos técnicos. Hay un antes y un después de Ciudadano Kane, que si bien no es la mejor película de la historia, hay que reconocerle a su padre creativo el haber innovado como nadie lo había hecho hasta entonces. Un genio que murió hecho polvo, como su personaje.
Uhm, no la vi... pero qué ganas ahora :) (Qué bien escribís).
Besos, Domingo!
Fernando Solera: A "Ciudadano Kane" le pasa un poco como a "Casablanca". Viéndola se aprende más cine que viendo 1.000 películas. Y eso no está al alcance de cualquiera. Welles y muy poquitos más.
Dinsmoor: Pues si tienes ocasión no dudes en echarla un vistazo. A pesar de sus 70 años es una película de plena actualidad, ha envejecido muy bien, como los buenos vinos.
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