21 de abril de 2012

SUEÑOS DE SEDUCTOR

Woody Allen es un personaje pintoresco. Encontrándose lejos de la calidad de otros cómicos clásicos, hay que reconocer que ha logrado las simpatías mayoritarias del público. Es cierto que Allen comunica con una generación que ha nacido con la esperanza y ha terminado tumbada en el diván del escepticismo. Este judío inmaduro e incondicionalmente urbano ofrece una imagen de perdedor nato muy similar, salvando las distancias, a lo que ocurría con Buster Keaton y Charles Chaplin. Y es la sensación de soledad, impotencia y derrota lo que sitúa las películas allenianas como un homenaje a su época. La crisis de los sentimientos, la parodia de los valores en decadencia, de los intelectuales en continua ruptura consigo mismos y con los demás, la metáfora de la cultura contemporánea y la inmadurez emocional y afectiva son los temas centrales, junto con el sexo, la muerte, Dios y Manhattan, de algunas de sus mejores películas.

Bajito, feo y cinéfilo
Para el gran público, Woody Allen es el personaje desgarbado y soñador que idealiza el valor de Humphrey Bogart para abandonar a Ingrid Bergman al final de Casablanca. Sueños de seductor arranca con este plano postrero para mostrarnos un hombrecillo que añora el éxito en la vida y sólo conoce el fracaso, filtrado y paliado a base de mitos y ensoñaciones imposibles. En una época de antihéroes y pérdida de valores eternos, la imagen de Allen conectaba plenamente con unos espectadores que admiraban más la ternura que el valor. Su miedo, su torpeza, su escaso éxito con las mujeres y su timidez son los rasgos más atractivos de su personalidad, tal y como puede comprobarse en esta película de 1972 donde interpreta a Allan, un crítico de cine y cinéfilo empedernido al que abandona su mujer, harta de vivir con un espectador que se cree Humphrey Bogart y que no es más que un neurótico. Una divertida comedia que sirve a Woody Allen para sintetizar sus fantasmas sentimentales y cinéfilos, y tomar prestados de Bogart su estilo de conquista y su código moral. Y es así cómo tomando a Bogart como modelo ideal el bajito y feo Allen encuentra el coraje suficiente para superar sus complejos y tratar de conquistar a las mujeres, aspiración ésta casi siempre fallida.

El antigalán
En Sueños de seductor se consagró uno de los principios del humor de Woody Allen: considerar la parodia como un homenaje sincero y no como una burla. Allen logró crear un personaje con el que el público se identificara y consiguió un digno homenaje al romanticismo desaforado de los héroes del cine clásico. Se ha dicho que el talento sin genio quizá sea poco, pero el genio sin talento no es nada, y habría que añadir que el talento o el genio sin oficio equivale a frustración. Pues bien, Allen aporta talento y oficio sobrados para hacer de Sueños de seductor no sólo una exhibición de gags más o menos graciosos sino también una comedia solvente que escenifica las fantasías y cotidianas decepciones del héroe frustrado.

2 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Es una notable película escrita por Woody Allen y dirigida por Herbert Ross. Sin ser una joya, la verdad es que tiene momentos de una hilaridad sobresaliente. Yo me siento muy identificado con su personaje en esta película, especialmente con la secuencia en la que se pone histérico cuando le van a presentar a una chica. Su saludo, emitiendo sonidos guturales, todavía logra arrancarme carcajadas. Y es que los tímidos patológicos somos unos incomprendidos.

PD: Gracias por la dedicatoria ;-)

Domingo dijo...

Fernando Solera: Y no será la última. ;)

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