Uno de los nuestros es una obra maestra. Con su estilo visualmente deslumbrante y su imposición al espectador de ciertas exigencias emocionales e intelectuales, es una de las películas más personales y comprometidas de Martin Scorsese, que da un vistazo brillante, divertido, violento, inquietante y trágico sobre el mundo de la mafia. En el primer tercio del largometraje, Scorsese adoptó el punto de vista de un niño para transmitir los motivos por los que un muchacho podía desear convertirse en gángster. "Nunca quise ser otra cosa", oímos decir a Henry Hill (Ray Liotta), un mafioso de medio pelo que subió y bajó los escalones del crimen organizado, traicionó a sus mejores amigos y a quien un programa gubernamental encargado de la protección de testigos proporcionó una nueva personalidad. Al seguir los progresos de Hill desde los años cincuenta a los ochenta, de la inocencia a la corrupción, asistimos a un fragmento de vida y muerte impredecible y provocador.
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| De profesión mafioso |
Henry busca la clase de respeto de que disfrutan los gángsters, donde el dinero y las mujeres son ejes centrales. No obstante, su plan para ascender dentro de una familia de la mafia en Brooklyn está, si no condenado, desde luego sí limitado por el hecho de ser irlandés por parte de padre, lo que hará que nunca sea totalmente aceptado en la cúspide del negocio, controlado por sicilianos. El personaje de Robert De Niro (Jimmy Conway), más capacitado para hacer frente a la ininterrumpida violencia que acompaña a su trabajo, es también un híbrido de linaje irlandés e italiano que se siente limitado por su origen, a pesar de sus grandes dotes naturales para ser un maleante. El tercer mosquetero en discordia es Tommy DeVito (Joe Pesci), un personaje emocionalmente imprevisible y psicológicamente desequilibrado que aterroriza incluso a sus compañeros más próximos. En una de las escenas más aterradoras de la película, Tommy se impacienta con un camarero que tarda en servirle, por lo que le dispara y le hiere en un pie. Cuando alrededor de una semana más tarde el camarero intenta servir de nuevo a Tommy, arrastrando el pie vendado, éste percibe el callado resentimiento del hombre y saca de nuevo su pistola, matándole a sangre fría.
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| Chicos listos |
Al igual que El Padrino de Francis Ford Coppola, Uno de los nuestros ofrece un contraste entre los viejos gángsters, percibidos como hombres íntegros debido a su lealtad al código de la profesión, y los nuevos y amorales delincuentes, y es así que mientras el capo di capi Paulie (Paul Sorvino) se muestra contrario a incorporarse al lucrativo negocio del tráfico de drogas, el advenedizo Henry se involucra en él a pesar de todo, empezando su desintegración física y espiritual. Henry sobrevive, pero a costa de su propia alma. Al final no tiene lealtades, recursos ni valores. Su obsesión por trepar le ha llevado al abismo. Es un hombre hueco. No necesita que le destruya una banda rival o la policía, él mismo se encarga de hacerlo. Es interesante seguir la pista a este tipo de personajes, ver hasta dónde llegan antes de autodestruirse, comprobar cómo las cosas empiezan a volverse en contra suya con el tiempo, cómo llega el momento de ruptura en el que simplemente todo explota y se quedan solos.



2 comentarios:
Me ha gustado mucho la crítica, entre otras cosas porque me ha recordado los motivos por los que en su momento disfruté tanto con esta maravillosa película. Para mí estamos sin duda ante una de las mejores de los últimos veinticinco años. Gracias por recordarnos esta joya del cine.
Fernando Solera: Cuando algo lleva la firma de Scorsese es muy difícil que defraude. El genio de Little Italy no hace más que ponerse el listón cada vez más alto, cosa que sus seguidores le agradecemos.
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