11 de mayo de 2012

BONNIE & CLYDE

Ante la sorpresa general, Bonnie & Clyde alcanzó en 1967 un notable éxito comercial y, sobre todo, desencadenó en Estados Unidos una agria polémica sobre si era lícito, por parte de la película, hacer que sus protagonistas, ladrones de bancos, fueran los héroes con los que se identificaba el espectador. Muchos tacharon al film de inmoral e incluso aseguraron que era precisamente su inmoralidad la que le había convertido en un taquillazo. Obviando consideraciones tan absurdas como que películas como ésta tienen un efecto nocivo sobre el espectador y provocan en él reacciones de imitación, lo cierto es que los personajes distan bastante de parecerse a sus modelos de la realidad. La aproximación que el director Arthur Penn hace de los personajes es más cercana a la leyenda que a la verdad. En la película Bonnie Parker (Faye Dunaway) y Clyde Barrow (Warren Beatty) son dos ladrones románticos que, en la época de la Gran Depresión, se dedican a robar y ridiculizar a aquellos que explotan y oprimen a los humildes, convirtiéndose por tanto en rebeldes que se alzan contra los que encarnan una falsa justicia y representan una ley discriminatoria. Y este planteamiento es muy consciente por parte del film, ya que incluye diversos episodios en que la pareja protagonista se pone de lado de los desheredados. Cuando se encuentran con el granjero al que el banco ha quitado la casa, Clyde le apoya y le anima a disparar contra ella. Más tarde, cuando está asaltando un banco, pregunta a un campesino si ese dinero es suyo o del banco, y al responder que suyo, le dice que se lo guarde. Es el mito del bandido generoso. Por otra parte, Penn tiene buen cuidado de mostrar que sólo matan cuando no tienen más remedio, y sus víctimas siempre serán o personas de superior condición social o representantes de la ley. Si la ley es injusta y sus guardianes corruptos, la actuación de Bonnie & Clyde gozará de todas nuestras simpatías, transformándose en héroes desafiadores del poder establecido.

Viviendo al límite
Con bastante razón se ha dicho que Bonnie & Clyde era un western con coches en lugar de caballos, de igual forma que Easy Rider utilizaba motos sustituyendo a los sufridos equinos. Y no es solamente su estructura lo que la asemeja a un western, sino también el tipo de delincuencia que ejercen sus protagonistas. Viven al día, no roban grandes sumas de dinero, sino pequeñas y repetidas veces, son solitarios, no forman parte de ninguna organización y su método de trabajo era el utilizado por los antiguos bandoleros del Oeste, que daban un golpe en un Estado y rápidamente escapaban para refugiarse en otro. La propia dinámica policial posibilitaba semejante forma de proceder. Al no existir Policía Federal, ésta únicamente tenía competencia dentro de su propio Estado, por lo que trasladarse a otro era la mejor forma de burlarla.

La erótica de la inmoralidad
A mi juicio, la parte más floja de la película es su simbología sexual, realmente tosca. Aunque parece demostrado históricamente que Clyde era homosexual, Arthur Penn, fiel a sus planteamientos psicoanalíticos y tratando a la vez de dar a la impotencia un sentido simbólico, de equivalencia con la sociedad sureña, una sociedad extremadamente puritana pero que ha integrado dentro de sí misma una violencia que dirige contra sus semejantes, hace que su protagonista sea un impotente que finalmente se cura. La violencia se presenta como un sustituto de la sexualidad, tanto en Bonnie & Clyde como en toda la sociedad texana. Una vez que Clyde se ha curado es cuando morirá. Y haciendo que Clyde muera una vez superada su impotencia, así como la utilización de cámara lenta en la secuencia de la masacre final, Penn volverá más dolorosa esa muerte para el espectador, que será terriblemente consciente de su injusticia y de su brutalidad, contribuyendo de forma decisiva a idealizar a la pareja protagonista y perfilar el mito romántico. Si este aspecto del film está perfectamente conseguido -aunque serían discutibles los métodos utilizados-, creo que en el propósito principal la película se queda a medio camino. En sus planteamientos -y ésta era, evidentemente, la forma definitiva de justificar a los protagonistas- la violencia de Bonnie & Clyde responde de alguna forma a la violencia institucionalizada que millones de seres sufren cotidianamente; pero mientras los demás sufren resignadamente esa violencia institucional, nuestros protagonistas se rebelan y replican, respondiendo a la ferocidad cotidiana y represiva del Estado con la violencia individual de sus atracos. Este planteamiento, además de una justificación moral, obliga a que el público se identifique con ellos, que exponen sus vidas en cada robo frente a la violencia persistente y anónima, que no arriesga nada y que no es personal, que practican los poderosos.

2 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Reconozco que no la he visto. Y también reconozco que la señora Dunaway estaba para mojar pan. Después de un análisis tan sesudo como el tuyo, tampoco viene mal una reflexión más erótico-festiva :O)

Domingo dijo...

Fernando Solera: Te alabo el gusto. La Dunaway no estaba nada pero que nada mal. :P

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