C.C. Baxter (Jack Lemmon) es una gota de agua perdida en el torrente de 3.000 empleados que trabajan en las grandes oficinas de la compañía de seguros Consolidated Life en Nueva York. Baxter, empleado modélico, es ordenado, meticuloso y goza de evidentes simpatías por una razón totalmente al margen del trabajo; a saber: de vez en cuando presta su apartamento a sus superiores cuando éstos necesitan un lugar discreto y céntrico como picadero. La llave de su apartamento se ha convertido en la oficina en una especie de objeto mágico que abre la puerta a un mundo de felicidad y placer pero, como es lógico, la dicha no es completa. Mientras el apartamento está ocupado, el pobre Baxter debe pasar largos ratos en la oficina, haciendo horas extra innecesarias o sentado en los fríos bancos de Central Park. Un día es llamado al despacho del director del departamento de personal Jeff D. Sheldrake (Fred MacMurray), casado y con dos hijos, que le afirma conocer la existencia de "cierta llave que anda navegando por la oficina". El señor Sheldrake la necesita también para vivir una aventura amorosa y Baxter está muy lejos de saber que la conquista de su jefe es, nada menos, que Fran Kubelik (Shirley MacLaine), una atractiva y simpática ascensorista secretamente admirada por el empleado. Pocos días antes de que comiencen las fiestas de Navidad, Baxter es ascendido a segundo ayudante de contabilidad como recompensa a sus méritos, con un despacho independiente, con moqueta y el nombre grabado en la puerta. Entonces Baxter propone a Fran: "¿Por qué no salimos a celebrarlo?". La muchacha declina la propuesta y no pasará mucho tiempo sin que Baxter descubra con profunda tristeza que es la última presa de Sheldrake. Las relaciones entre éste y Fran marchan mal, hasta el punto de que, en una crisis, la joven intenta suicidarse en el propio apartamento de Baxter. La chica se salva, mientras Baxter se debate entre el gran amor que comienza a sentir por Fran y la obediencia que debe a su jefe. La esposa de Sheldrake se entera, por una llamada anónima de la despechada secretaria de su marido, de que ésta también fue objeto de los galanteos de aquel, que aun así está decidido a seguir con Fran y, una vez más, pide la llave del apartamento de Baxter. Pero éste, enamorado e incapaz de seguir con aquel juego, abandona su empleo. Fran se entera al fin de las intenciones reales de Sheldrake hacia ella y también de cómo el buen Baxter se ha negado a prestarle la llave para un nuevo encuentro amoroso. La chica corre hacia el apartamento de Baxter, quien acaba de abrir una botella de champán para celebrar la llegada del Año Nuevo. La fiesta ya no será para uno, sino para dos.
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| Cocinillas |
Pocos personajes se habrán sentido más manipulados y solitarios en la historia del cine que el vacío trepador C.C. Baxter. Su frustración es hacerse el bueno, el hombre de los favores, para ir subiendo en su trabajo. Mediocre y negativo, reacciona cuando ve la posibilidad de perder aquello que ama, sintiéndose auténtico por primera vez en su vida. El apartamento, la más famosa comedia crítica dirigida por Billy Wilder sobre el pragmatismo de la sociedad norteamericana, es brillante y ácida. Muy apoyada en el diálogo y con un claro tono teatral, el hecho de que se desarrolle durante las Navidades le da una mayor fuerza. Ganadora de cinco importantes Oscar, supone el nacimiento de un modelo de comedia que Wilder repetiría en Irma la dulce, En bandeja de plata y Aquí un amigo, las tres protagonizadas por Jack Lemmon.
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| Dos tullidos sentimentales |
Billy Wilder fue posiblemente el último cineasta clásico de la historia del cine capaz de emocionarnos desde el rectángulo de una pantalla. Wilder es el representante de la desmitificación, uno de los temas clave de toda su filmografía, pero también es el irónico, sarcástico, crítico, cínico y corrosivo autor de películas que, por otra parte, esconden en la ternura y la pasión un caudal de sabiduría indudable. Sus obras están basadas en los guiones y en las situaciones equívocas. Súmese a esto el hecho de que Wilder hace películas sencillas, sin dobles lecturas intencionadas, donde lo que plasma en la pantalla es tan obvio que resulta absurdo explicarlo. El fracaso y la soledad, en la mejor tradición del cine americano clásico, son dos de los grandes temas del director vienés, ya sea en la comedia o en el drama. A Wilder tan sólo le pongo un pero, su tendencia a los finales felices. En ese sentido, le pasaba lo mismo que a Howard Hawks, que retorcía sus películas con tal de que sus historias acabaran siempre bien fuera como fuera. Y es que nadie se cree que Gary Cooper acabe en los brazos de Barbara Stanwyck en Bola de fuego ni que Cary Grant reconquiste a su ex mujer en Luna nueva, pero tanto a Hawks como a Wilder somos capaces de perdonarles cualquier cosa. Es probable por eso mismo que el plano de Shirley MacLaine corriendo en busca de Jack Lemmon, cuando sabe que se ha negado a prestarle el apartamento a su jefe, es más bien el final de una utopía: sólo queda la esperanza de pensar que Fran ha reaccionado cuando Baxter se hace auténtico. La vida de Fran con Baxter tiene todas las posibilidades de terminar en fracaso. Pero bienvenida sea. Este final puede ser tan falso como una catedral, pero es más hermoso que todo el cine que se ha hecho en mucho, mucho tiempo.



4 comentarios:
Para mí ha habido tres grandes directores, por encima de los demás, en la historia del cine: Hitchcock, Wilder y Allen. El primero, porque lograba crear un clima desasosegante con un magisterio inigualable. El segundo, porque fue un experto en diseccionar las miserias humanas, primero con dramas y en su madurez con comedias. Y Allen, porque tiene gracia, porque a veces nos regala películas que nos devuelven el aroma de los clásicos, y porque nadie nos ha hecho reír y pensar en los últimos treinta y cinco años como él lo ha hecho.
En cuanto a 'El apartamento' está considerada una obra maestra, y la verdad es que no resulta para menos. Lo mejor de Wilder, al igual que en Allen, son los guiones. Están escritos con elegancia y talento, todo encaja maravillosamente, y a pesar de la dureza de las historias, deja un resquicio para seguir creyendo en los finales felices. Porque haberlos haylos, sobre todo si creemos en ellos.
Fernando Solera: Hitchcock, Wilder y Allen. ¡Casi nadie al aparato! ¡Juas! ;)
Con The Artist me estrené en el cine en blanco y negro. El Apartamento parece una buena opción para seguir con ese formato.
Gracias, Domingo. Besetes!!
Kashtanka: ¿No has visto "El apartamento"? Pues qué envidia me das, aún tienes el inmenso privilegio de poder verla por primera vez. Que aproveche. ;)
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