Basada en la novela homónima de Walter Tevis y protagonizada en su versión cinematográfica por un jovencísimo Paul Newman, El buscavidas cuenta la historia de Edward Felson, también llamado Eddie el Rápido, y de George Hegerman, conocido como el Gordo de Minnesota, dos tahúres del billar americano. Se trata de una película épica, sustancial, sobre un perdedor y su destino. Y sobre una clase de equilibrio o armonía que sólo puede entenderse bajo la litúrgica luz de una mesa de billar, allí donde Eddie maneja el taco de madera como si fuera un bisturí, poniendo en juego los trucos del buscavidas arquetípico: pierde adrede las primeras partidas y finge jugar ebrio. Todo con tal de ganar un puñado de dólares para poder presentarse a la siguiente partida, en la que tal vez le espere la fortuna.
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| Retando al Gordo de Minnesota |
En la América profunda, por perdidos pueblos de Kentucky, siempre hay un garito abierto con mesas tapizadas de fieltro verde en las que ganar suficiente pasta desplumando a paletos y don nadies. Pero el azaroso destino de Eddie Felson le lleva hasta el Billar Bennington de Chicago, un salón majestuoso, casi como una iglesia, donde sienta cátedra el Gordo de Minnesota, uno de los grandes. En todos los sentidos. Tiene una barriga descomunal, el pelo engominado y los dedos, rollizos como morcillas, prensados de anillos. Viéndole moverse con torpeza por la sala nadie imaginaría su habilidad con el taco, pero en cuanto comience a jugar contra Eddie demostrará el porqué de su leyenda. Treinta y seis horas más tarde, Felson se encontrará tirado en un callejón, con los bolsillos vacíos y vomitando el whisky que no ha sabido beber.
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| Una pareja de fracasados |
En su derrota, verbalizada en un "has nacido para perder" pronunciado por su manager, conocerá a una chica, Sarah. Entre ambos, seres desvalidos y solitarios, aflorará algo parecido al amor. Ella no le juzgará y él evadirá todo compromiso entendiendo que el mundo del billar, el suave rumor de las bolas deslizándose sobre el tapete, ese borroso círculo de caras que presencia cada partida, pertenece a un universo de hombres que comparten un claro desdén hacia las normas y rinden culto a la belleza fugaz de una carambola. Ni siquiera el día en que Eddie regrese al apartamento de Sarah con los pulgares rotos tras un mal encuentro con otros buscavidas la chica le dará la espalda. "Tú ganas, Eddie". Es la única que se lo dice, y gracias a ella el arrogante y amoral Felson consigue, al fin, la consideración que la vida le había negado hasta entonces.



3 comentarios:
Otra película durita, de las que tanto te gustan. Durita, pero buena como ella sola. En esta obra maestra el gran Paul empezó a apuntar por qué iba a convertirse en una estrella legendaria del celuloide.
Por cierto, una vez más has escrito una magnífica crítica.
Siempre exacto en tus exposiciones.
Gracias mil... y saludos, Domingo!
Fernando Solera: En breve se cumplirán cuatro años desde que Paul Newman nos dejó y nada mejor para honrar su memoria que revisitar una y otra vez sus películas.
Susi DelaTorre: ¡Gracias por la visita, querida Susi! Luego me paso por tu blog y te la devuelvo, que no tengo perdón de Dios. ^_^!
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