1 de mayo de 2012

MATCH POINT

Quizá porque se ha impuesto un ritmo de producción demasiado presuroso, las películas de Woody Allen empiezan a parecerse demasiado entre sí. Sin llegar a producirme exactamente hastío, lo cierto es que cuando acudo al cine a ver una de sus entregas anuales ya sé más o menos con qué me voy a topar. Esta impresión de déjà vu se ha convertido en cierto modo en marca de fábrica del creador judío, que sin darse cuenta está atrapado en una ratonera creativa, convertido en un prisionero de su propio estilo. Sólo Match Point nos ha ofrecido en los últimos tiempos una remozada faceta de su talento, un Allen casi irreconocible, y digo "casi irreconocible" porque, pese a su apariencia radicalmente novedosa y una vez superado el estupor inicial, Match Point incluye algunos de los asuntos más reincidentes del particular universo alleniano: la autopsia de las clases más adineradas, el juego de deslealtades y engaños que se entabla dentro del matrimonio, el conflicto entre pasión amorosa y conveniencia social, etcétera.

El cebo perfecto
A la singularidad de esta película contribuye, desde luego, la decisión de Allen de rodar en Londres, después de comprobar que las trabas que la industria americana oponía a sus proyectos eran crecientes. Y subraya esa singularidad la naturaleza misma de la historia que, aparte de renunciar a ciertos clichés, se aleja de influencias castrantes, pariendo así una obra de enorme originalidad. El arranque es brillante, con una pelota de tenis que choca contra la red y que duda a qué lado del campo caer: la suerte o la fatalidad es la que decide si eres el ganador o el perdedor. Pero esta premisa es mucho más que una ocurrencia: es genial, deslumbrante y de una cierta profundidad filosófica. Allen realiza una minuciosa exploración en el sentimiento de culpa y el arrepentimiento, y juega con el azar y la propia precipitación del espectador. Match Point, un rastreo entre emocional y policiaco de la amoralidad, la ambición y la impunidad, es un drama, una pasión oscura y geométrica, un thriller al modo de los de Patricia Highsmith que nos empuja al lado del villano. En este sentido, la creación del personaje encarnado por Jonathan Rhys-Meyers resulta medular: un joven arribista no exento de encanto que no vacila en cometer adulterio, arrastrado por sus más bajos instintos, y que no parece dispuesto a renunciar a las ventajas que su recién adquirido estatus social le proporciona. Sin adornarse con su habitual sentido de la ironía y del humor, Woody Allen consigue el milagro de hacernos atractiva la gélida e indecente crueldad del protagonista.

Camino a la perdición
El desasosiego que Match Point ocasiona en el espectador se debe fundamentalmente a que Allen adopta la perspectiva de los personajes. Así, en el primer trecho de la película, Scarlett Johanson (que interpreta a la tórrida actriz fracasada que provoca en Rhys-Meyers una pasión desatada) aparece más sensual y hermosa que nunca para luego, a medida que la relación clandestina avanza y se adentra en territorios menos idílicos, mostrarse desaseada y vulgar en una metamorfosis progresiva, brindándonos mientras tanto escenas que derritirían un yunque, aunque ninguna tan abrasadora como ésa en la que se alejan de la casa y, entre un sugerente y húmedo aguacero, chocan como dos trenes en celo. Match Point, que se nos presenta como una película sobre el azar y la culpa, sorprendió a todo el mundo, y en especial a los más allenianos, pues es una película insólita en su filmografía, y no tanto porque no esté rodada en Manhattan o porque no dé ni un motivo para reírse al espectador, como porque aborda una situación criminal desde un punto de vista casi atractivo y coloca sin pudor al público en el lado malo de la red, haciéndole cómplice de los agobios y zozobras del protagonista. Resulta difícil decidir si Match Point es más fría que ardorosa, más cerebral que pasional, si el azar le gana el pulso al talento o, lo que es aún más extraño, si tiene un final feliz o es el más triste y desolador de toda la filmografía de Woody Allen. De estas dudas surge la desazón que nos deja esta película perturbadora.

5 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Sin duda, una obra maestra, cuya espléndida crítica te agradezco mucho que me dediques, Domingo. Es una película redonda, perfecta, que te causa un desasosiego tremendo al salir del cine, al constatar hasta qué punto las personas podemos llegar a ser miserables. De verdad, una joya que nada tiene que ver con las comedias amables de Woody Allen. Un drama ejemplar sobre el lado oscuro de todos los seres humanos.

Ángela Paloma dijo...

Mi querido Domingo,

Tremenda película que ví en versión original en mi pasada vida londinense... En mí despertó un sentimiento despectivo que es difícil de describir. Esta película es la vida misma. Los intereses priman al deseo intenso y oculto que podamos experimentar en muchas ocasiones. El éxito pasa por escoger el camino verdadero que esa pelota debe tomar, el que conviente y el deseado.

Muchos besos

Domingo dijo...

Fernando Solera: Una peli redonda y con redondeces, que aparece la Scarlett. ¡Ñam, ñam! :)_

Ángela Paloma: ¡Dichosos los ojos! Hay que ver lo que te cuesta pasarte por aquí, ¿eh? No tardes tanto la próxima vez, que ya sabes que me gusta contar contigo. ;)

Kashtanka dijo...

Recuerdo que me gustó bastante y me pareció que en el papel del protagonista juega un papel fundamental la psicología de la obra Crimen y Castigo.
No soy fiel seguidora de Allen, justamente por lo que tú dices. Este director está encerrado en su propio estilo, especialmente en los últimos años. Pero sin duda, Match Point es la que destacaría, me parece que es la "mejor pensada".
Un besete, Domingo

Domingo dijo...

Kashtanka: Tampoco yo bebo los vientos por Woody Allen. Quizá por eso "Match Point", tan poco "alleniana" en muchos sentidos, es mi favorita entre todas sus películas.

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