19 de mayo de 2012

REBELDE SIN CAUSA

La cazadora roja, los vaqueros azules, el cigarrillo rubio colgando impertinente de la comisura de los labios y una mirada triste de retador desconsuelo, es la imagen que nos resta en la memoria del rebelde cinematográfico por excelencia. James Dean, ese muchacho tímido que llegó a ser estrella explotando su propia soledad en la pantalla, desconsolado diablo juvenil con rostro de ángel al que las damas maduras querían proteger como madres y las quinceañeras soñaban tener por compañero, se convirtió en símbolo de una generación alienada gracias a su carismática interpretación en Rebelde sin causa (1955), una película que con el paso del tiempo se ha convertido en un clásico de culto. Y lo ha hecho sobre todo, aparte de sus propias virtudes, por la muerte prematura del actor y por el carácter de figura icónica que llegó a alcanzar.

Un icono generacional
En una de las actuaciones más influyentes en la historia del celuloide, James Dean encarna a Jim Stark, un joven incomprendido por sus padres y por la sociedad, lo que desemboca en una orgía de ira y frustración. Rebelde sin causa trata de conflictos generacionales entre padres e hijos, y presenta el retrato de una adolescencia aislada y que no encuentra su lugar en el mundo. Y es que Dean, que se pasó la vida corriendo y apenas sí le quedó tiempo para vivir, creó un nuevo modelo de masculinidad vulnerable antes de dejarse el pellejo en el asfalto de una autopista. Después de chocar con aquel Plymouth, su metro setenta y cinco de estatura y sus setenta kilos de peso se quedaron empotrados en el volante de su Porsche, al que tan oportunamente había bautizado Pequeño bastardo. Iba a 170 kilómetros por hora.

James Dean y Natalie Wood
Su carrera contra el tiempo, que era a la vez una aventura y un desesperado intento de fuga para huir de sí mismo, le convirtió en reclamo publicitario para marcas de vaqueros y cigarrillos. Era tiernamente ambiguo y por eso las enamoró a todas. Todas quisieron proteger al gatito huraño y, arañadas, todas le dejaron. Neurótico hasta la exasperación, egoísta hasta el ridículo, caprichoso hasta la tiranía, genial hasta la estupidez y extravagante hasta la provocación, ocupó los sueños de millones de jóvenes, pero él sólo tenía pesadillas. Vivió rápido y dejó un bello cadáver, y es por eso que para muchos es sólo un póster que colgar en la pared, pero para mí siempre será Jim Stark, el rebelde mítico con mala suerte y muchos problemas que murió demasiado pronto.

5 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Ainsss, Domingo. ¿Y a mí que me da que tú tienes un poco de este James Dean, de este rebelde sin causa? No sé, pero tras leer la crítica me da la sensación de que, veladamente, estás hablando un poco de ti mismo ;-)

Kashtanka dijo...

Qué buena película, Domingo...
Cierto es que enamoró a muchos jóvenes, de distintas generaciones, pese al paso del tiempo. Había olvidado esa frase mítica de "vive rápido, etc" excelente el último párrafo en el que hablas de él.
Besotes!!

Domingo dijo...

Fernando Solera: ¡Je,je,je! Bueno, yo creo que todos, en mayor o menor medida, tenemos algo del Jim Stark encarnado por James Dean, ¿no crees? Después de todo la naturaleza del hombre es, en esencia, reactiva.

Kashtanka: Clásico entre clásicos. De las películas que hay que ver antes de irse al otro barrio.

Marinel dijo...

Es un películón,pero sinceramente,(como suelo ser para desgracia mía)
Jamás entenderé tanto barullo con éste actor de poca trayectoria,por muy bien que actuase.
Siempre los hubo grandes y a muchos no se les dio el boom que a él.
Tal vez fuese precisamente eso,su efímero paso por el celuloide.
Besos.

Domingo dijo...

Marinel: Los mitos no se pueden explicar, no atienden a razones, es parte de su magia. Precisamente por eso son leyenda. :)

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