Desde su debut, hace ya diecisiete años, con la feroz Salto al vacío, Daniel Calparsoro ha demostrado unas dotes nada usuales entre los cineastas españoles. Poseedor de un estilo visual intransferible y de un brío narrativo fuera de lo común, Calparsoro demuestra en cada una de sus entregas que aún es posible un cine que se adapte a los moldes genéricos sin renunciar a la más radical autoría, un cine que muestra nuestra época sin incurrir en la catequesis y en esa especie de almíbar comprometido al que tan propensos son otros directores autóctonos. Quizá sea esta vocación de singularidad que caracteriza a Calparsoro lo que ha permitido que otros realizadores de su generación infinitamente menos dotados que él hayan sido más encomiados por la prensa correcta, lo cual no ha bastado para desbaratar el talento del barcelonés. Si hasta ahora sus películas se habían distinguido por su ambición extrema, por una vocación de riesgo que propiciaba ciertos descalabros parciales, en Ausentes nos tropezamos por fin con esa equilibrada combinación de temeridad y oficio que caracteriza a los cineastas cuajados y en plenitud de facultades.
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| Acorralada |
La premisa de Ausentes puede resultar, en apariencia, consabida. Un matrimonio de treintañeros se muda con sus hijos a una urbanización de las afueras; pronto, sin embargo, descubrimos que su casa está poblada de presencias fantasmales. El público más despistado pensará que se halla ante una especie de película derivativa de El sexto sentido, una de tantas entre la plaga que hemos sufrido en los últimos años. Nada más alejado de la realidad. Aunque Calparsoro juega con las convenciones del thriller sobrenatural, descubrimos enseguida que, tras esta fachada tópica, nos está proponiendo en realidad un ejercicio mucho más exigente de inmersión en las zozobras que asedian al hombre contemporáneo. Lo intuimos desde la primera secuencia, que logra contagiarnos el clima anímico de Julia, la protagonista encarnada por Ariadna Gil, su desesperación exhausta después de que, con apenas 35 años, sea declarada inservible para el mercado laboral. A partir de ese momento, el mundo se convierte en una silenciosa fragilidad bordeada por una realidad inhóspita y crudelísima, en un laberinto de desolación del que parece haber desertado cualquier atisbo de humanidad. La conversión de esa urbanización ajardinada, emblema del paraíso para urbanitas estresados, en una geografía de pesadilla, silenciosa y erizada de peligros, blanqueada por el sol como un pasaje del Apocalipsis, constituye una de las mejores creaciones atmosféricas del cine español reciente.
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| Prisionero de sí mismo |
Tampoco puedo dejar de alabar el esmero interpretativo de Jordi Mollá ni de los niños Omar Muñoz y Nacho Pérez, que logran convertir el hermetismo hosco de la adolescencia en símbolo de una presentida malignidad. Calparsoro mantiene la mecha de la tensión encendida durante hora y media, en un alarde virtuoso de gradación climática para por fin trastornar las convenciones del género con un desenlace pavoroso. Ausentes, que tiene algo de El resplandor vuelto del revés, confirma con creces las esperanzas que tengo depositadas en un director que pide a gritos la máxima consideración.



7 comentarios:
Sin embargo, como no es cejatero, apenas se habla de este director. Yo tengo cada vez más claro que el cine español funciona como la cosa nostra. O formas parte del club de amiguitos o te conviertes en un outsider. Es una pena.
Fernando Solera: Que se lo digan a Toni Cantó, que en Cataluña no le dan curro por no comulgar con las veleidades y ocurrencias de la Generalitat.
Me pone de muy mala hostia la gente cínica, falsa, en la que crees que puedes confiar y a la hora de la verdad son sólo unos interesados que se acuerdan de ti sólo para para lo que a ellos les interesa. Me estoy refiriendo a AUSENTES que tú y yo conocemos, cuyas ausencias en este blog resultan ya clamorosas. Qué paciencia tienes, Domingo. Yo es que me caliento fácil y lo tengo que soltar, porque esto me pone de muy mala leche.
Mi querido Domingo,
No conocía esta película, como tantas que nos cuentas... Pondremoe el título a buen recaudo...
Un abrazo enorme
Fernando Solera: No te preocupes, amigo Fernando, ya sabes lo ingrato que es el mundo de la blogosfera. Las lealtades van y vienen, como si de un zoco persa se tratase. ¿Para qué hacerse mala sangre? No merece la pena. Al ausente, la legislación vigente, y listo. ;)
Ángela Paloma: Un abrazo enorme para ti también. :)
No sé, no sé...estaba dudando de si meterla en mi lista. Los puntos fuertes son los que tú nos comentas...uhm, venga sí! la veré!!!
Kashtanka: A mí es que me gusta seguirle la pista a Calparsoro, porque presiento que antes o después dará la gran sorpresa con una película redonda y sin fisuras, tal y como apunta su trayectoria precedente.
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