El cine, reflejo de emociones y actitudes del individuo de nuestra sociedad, ha indagado también muchas veces en las vidas extraordinarias de personajes pertenecientes al mundo de la realidad. Desde la ficción o desde el documental, algunos cineastas persiguen descubrir la cotidianidad y lo singular de hombres y mujeres que se han destacado en algún territorio. El director Olivier Assayas lo hace con Íllich Ramírez Sánchez, alias Carlos, el terrorista más conocido de los años setenta y ochenta, en su película Carlos, un megaproyecto que muestra un retrato del personaje muy diferente al que han ofrecido otras ficciones. Fascinado por sí mismo, por el sexo y por las armas, Carlos presenta la evolución de un hombre que inició su actividad como joven comprometido en la lucha contra las injusticias en el Tercer Mundo y que, poco a poco, terminó convirtiéndose en un mercenario oscuro y violento.
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| La alimaña en su guarida |
Assayas firma la deslumbrante biografía emocional de un personaje tan tenebroso como magnético y, al mismo tiempo, imparte una magnífica lección de Historia sobre la época que engendró a uno de los hombres más turbios y feroces del siglo XX. La cámara persigue obsesivamente sus pasos, le acosa intentando excavar en su interior, en sus impulsos más primarios y en sus decisiones más meditadas para transportar al espectador el giro radical que experimenta la vida de un hombre cuando pasa del idealismo rabioso al mercenariado más abyecto. El relato que realiza Assayas gira sobre la actividad criminal de Chacal y narra, en orden cronológico, los atentados perpetrados por el venezolano que más resonancia pública obtuvieron en su momento. No habla de la infancia y tampoco del cautiverio de quien a lo largo de sus años como activista asesinó a múltiples agentes de policía, cometió media docena de atentados con bomba y cooperó en la toma de rehenes y en la organización del famoso secuestro de la delegación de la OPEP en 1975.
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| Un depredador sin escrúpulos |
Esta película, centrada en los elementos que mejor se conocen del personaje, no hace ningún descubrimiento importante sobre Carlos, un hombre traicionado por su propio narcisismo, un terrorista clandestino ansioso de notoriedad mediática y que los medios de comunicación de entonces elevaron a la categoría de mito y de figura novelesca.



2 comentarios:
No me gustan las historias sobre alimañas, por muy bien rodadas que puedan estar. Creo que rodar películas de terroristas es, en cierto modo, hacerles propaganda y ensalzarlos. En fin, que no suelo verlas.
Fernando Solera: Aquí nos pasó con aquellas películas que se hicieron en los 70 y en los 80 sobre las andanzas de tipejos tan poco recomendables como "El Torete" o "El Vaquilla". El director Eloy de la Iglesia los hizo atractivos a través del cine. Un pecado de juventud, supongo.
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