Robert Rodríguez quiso que en los créditos de esta película figurara Frank Miller como codirector; no se trata tan sólo de un reconocimiento generoso, sino también de una declaración de principios, pues pocas veces se ha filmado una película tan tributaria de los tebeos (o, dicho con mayor propiedad, novelas gráficas) en los que se inspira. En Sin City las imágenes en movimiento son puras viñetas: en sus encuadres rebuscadísimos y en su planificación sincopada, en su narración premiosa y expeditiva, en su iluminación expresionista, en su imaginería desaforada, Rodríguez muestra a las claras su intención de rodar un tebeo animado. La fidelidad de la película a la obra de Miller no se detiene, sin embargo, en los aspectos puramente formales: la violencia descoyuntada y paroxística, el empleo continuo de la voz en off, la omnipresencia de una sexualidad enfermiza, la caracterización caricaturesca de los personajes (todos los hombres son tipos duros y todas las mujeres, putas redomadas), su humor cafre y tremebundo, son rasgos distintivos de Miller que Rodríguez se limita a trasplantar con la veneración del aprendiz que homenajea a su maestro.
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| Alégrame el día, capullo |
Ante tan radical y vehemente aproximación al universo del cómic, el espectador reacciona al principio con deslumbramiento, pero por desgracia este asombro inicial no tarda en contaminarse de cansancio. Y es que Sin City, tan suculenta y regocijante en sus premisas, acaba resultando una película algo fatigosa, algo reiterativa en su esquematismo argumental, en su rudimentaria composición de caracteres, en su propensión a la truculencia bizarra. A la postre, al espectador le queda el regusto agridulce de quien ha asistido a un festín visual lastrado por unos materiales que se agotan en sí mismos a la media hora de proyección. Sin City, en efecto, provoca cierto hartazgo, a pesar de un reparto variadísimo y apabullante que incorpora estrellas consagradas -Bruce Willis, Clive Owen, Benicio del Toro-, estrellas de nuevo cuño -Jessica Alba, Nick Stahl, Elijah Wood- y, lo que aún resulta más goloso, una pléyade de malditos recuperados de las cloacas de la serie B o los cenagales de la decadencia: Mickey Rourke, Michael Madsen, Rutger Hauer, Powers Boothe,... En la elección de estos últimos adivinamos, además, la devoción del friqui que no soporta contemplar a los actores predilectos de su juventud languideciendo en los arrabales del olvido; su reunión otorga a la película una aureola sabrosísima de cónclave de perdedores.
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| You´re so sexy |
Sin City, en su afán por abarcar el microcosmos de sordidez y turbiedad que se congrega en las novelas gráficas de Frank Miller, incluye tres historias, amén de un prólogo que enlaza con la resolución. La primera, protagonizada por un glorioso Mickey Rourke, quizá sea la más rutilante en su despliegue de brutalidad desquiciada y estilismo visual; su protagonista, desde luego, roba la función al elenco de estrellas que viene después. También la tercera, protagonizada por Bruce Willis, con su perfume de cine negro y su romanticismo desesperado y paródico, obtiene nuestro beneplácito. Y algo más pasada de rosca y consabida resulta la segunda, un compendio de defectos.



4 comentarios:
A mí me gustó muchísimo esta peli, a pesar de que es un tanto rarita, no apta para todos los públicos. Reconozco que me enganchó, me cautivó, quizá entre otras cosas por su originalidad. Muy recomendable, sin duda.
Fernando Solera: Dado que yo no he sido nunca muy de cómics (no así de tebeos, que sí devoraba), me costó un poco meterme en los códigos y mecanismos de esta película que si bien no me disgustó tampoco me hizo vibrar.
Pfff, no sé que tiene, pero he intentado verlas ya unas cuantas veces. Siempre acabo quitándola, cogiendo un libro o haciendo mis tareas del hogar. No puedo con ellas.
Besetes, Domingo.
Kashtanka: O te zambulles en su universo y te empapas de sus códigos o no hay nada que hacer. "Sin City" no admite medias tintas.
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