Sonia y Javier, Pedro y Paula; dos parejas, dos chicos, dos chicas, una amistad que les une y una infidelidad que les separa son los ingredientes de un atípico musical que, como manda la tradición, apunta al enredo, a las idas y venidas y a un final necesariamente feliz que satisface tanto al público como a la crítica.
| Roneando |
Javier es un cínico mentiroso que no vacilaría en vender a su propia madre si pudiera obtener beneficios con ello. Emprende una relación oculta con la novia de su mejor amigo, o sea que todo lo que le pase se lo tendrá bien merecido. Por su parte, Pedro es un chico más tierno que el Día de la Madre. Sigue creyendo que el amor y la amistad son valores inviolables, pero su novia y su mejor amigo le harán el favor de demostrarle lo contrario. Mientras tanto, Sonia es el pragmatismo personificado. Para ella una y una son dos y en el sexo dos son siempre mejor que uno. Ésa es su filosofía. Y por último está Paula, que en un concurso de inocencia la descalificarían por presunto dopaje. Adicta al amor, aún sueña con encontrar un príncipe azul mientras se le pasa la vida besando sapos. Personajes estrafalarios, excéntricos, dubitativos, extraños y un tanto psicópatas al ritmo de bonitas canciones de Los Rodríguez, Tequila, Kiko Veneno y Coque Malla, entre otros.
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| ¡Ñam, ñam! |
El mérito, que lo hay y en abundancia, de que una película como El otro lado de la cama funcione con la precisión de un reloj suizo y la vitalidad del género al que rinde un velado homenaje debe ser repartido entre el veterano y jovial director Emilio Martínez Lázaro y sus cuatro protagonistas, en este orden: Paz Vega, Ernesto Alterio, Guillermo Toledo y Natalia Verbeke. Aunque tampoco conviene olvidar el trabajo de secundarios eficaces como Alberto San Juan, Ramón Barea o María Esteve. Dirigidos con tanto rigor que se diría que improvisan, los chicos y chicas de El otro lado de la cama hacen de la infidelidad el leitmotiv de una comedia dotada de envidiable y contagiosa alegría que muestra cómo es posible liarse la manta a la cabeza sin necesidad de montar una tragedia griega mientras a tu alrededor tu pareja estable y tus amigos son convidados de piedra de una aventura sentimental a la que resulta imposible renunciar. Y para terminar de hacer divertida la propuesta, los personajes expresan sus sentimientos a través de canciones y números musicales absolutamente pegadizos y, lo que es mejor, encajados en la trama hasta el punto que ni uno sólo llega a desentonar o a resultar superfluo. Una película honesta y bien hecha con la que el cine español nos sorprendió a todos hace ahora diez años y que supuso todo un revulsivo ante la avalancha de producciones de medio pelo con que por aquel entonces, y aún hoy, éramos/somos injustamente castigados.


4 comentarios:
Pues qué quieres que te diga, a mí me pareció más bien floja, aunque tampoco me sorprendió que tuviera éxito en taquilla. Es una película comercial que supo funcionar, y que no puede disimular que es española. Para mí, aprobado raspadillo ;-)
Fernando Solera: Hombre, entiéndeme, no es "Cantando bajo la lluvia", eso está claro, pero se deja ver sin mayor espanto y eso, con lo que viene siendo el cine español de los últimos tiempos, ya es mucho decir, es casi un piropo.
Me gustaría ver esta película de enredos de parejas, seguro que tiene que estar bien.
Un beso.
María: Es una peli-ensalada, fresca y ligera. Ideal para el verano. :)
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