12 de agosto de 2012

EL EMBOLAO

Un preso entabla una amistad poco convencional con un guardia de prisiones, y llega un momento de tal confianza entre ambos que el maleante se aventura a confiarle la custodia de un boleto de lotería. Una vez que el boleto resulta premiado empieza una ajetreada odisea porque, como era de esperar, el servidor de la ley ha puesto pies en polvorosa y el reo habrá de ingeniárselas para salir de la cárcel y localizarle.

Despiporre a la francesa
En los últimos años los franceses han desarrollado parte de su cinematografía pensando en el esquema de las producciones de acción más espectaculares que llegan de Hollywood, lo cual ha dado como resultado híbridos tan entretenidos y al mismo tiempo tan superficiales como este El embolao, donde nos encontramos a medio camino entre las comedias que solía protagonizar Jean-Paul Belmondo en los años setenta, el cine de montaña rusa más descerebrado que pueden proporcionar algunos directores americanos y el intento de hacer de todo ello un tebeo al gusto de una nueva especie de realizadores abotargados por el ritmo de videoclip.

De fregao en fregao
Está claro que en otras manos El embolao podría haber sido una película de cine negro ejemplar, pero para eso su director tendría que haber visto y disfrutado producciones clásicas del policíaco galo como El silencio de un hombre o El círculo rojo, que dirigió el insuficientemente recordado Jean-Pierre Melville. Al cambiar la referencia, el resultado es este vacuo alarde coreográfico de golpes, tiros, chistes y personajes exagerados más próximos a un ejemplar de El Víbora que a las viñetas de Tintín. Así que lo dicho: entretenida pero un tanto crispante por su ritmo y por su falta de ambición.

3 comentarios:

Fernando Solera dijo...

O sea, para pasar el rato sin mayores pretensiones. Así es desgraciadamente el cine que se factura actualmente, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Esilleviana dijo...

Influencias norteamericanas...¿cuanto tiempo permaneceran en todas las sociedades? tal vez, siempre.

Un abrazo :)

Domingo dijo...

Fernando Solera: El verano se presta mucho a ver morralla. Yo llevo cada bodrio que para qué.

Esilleviana: Lo que comemos, lo que bebemos, lo que fumamos, lo que vestimos, lo que vemos, lo que escuchamos, prácticamente todo, nos viene impuesto por Estados Unidos. Hay alternativas claro, pero es que la Coca-Cola está tan rica... :P

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