11 de agosto de 2012

THE AMAZING SPIDERMAN

Peter Parker, un joven patoso y débil pero muy hábil como científico, es picado por una araña radiactiva genéticamente mejorada, lo que multiplica su fuerza, le proporciona una especie de sexto sentido capaz de prevenirle del peligro y le habilita con el poder de lanzar telarañas desde sus muñecas y trepar por las paredes como una suerte de arácnido humano. Todo puede parecer lo mismo, y de hecho lo es, aunque algunas cosas han cambiado desde las versiones cinematográficas de Sam Raimi. Parker sigue siendo huérfano y sigue al cuidado de sus tíos, pero en esta ocasión encuentra un maletín que le sirve como pista para explicar la misteriosa desaparición de sus padres, una pista que le conduce directamente a la empresa Oscorp y el laboratorio del doctor Curt Connors, que fue compañero de su progenitor y ahora es Lagarto, el nuevo villano al que deberá enfrentarse Spiderman para convertirse en el héroe que todos conocemos.

Diabéticos abstenerse
El personaje más emblemático y rentable de los cómics Marvel, en una operación de refundación y renacimiento del lanzarredes más famoso del mundo, regresó a las pantallas hace apenas un mes para regocijo de sus seguidores. O no. Porque lo cierto es que The amazing Spiderman es una película impecable y desalentadora. Impecable por su denodado esfuerzo en conseguir captar el espíritu del tebeo, reproduciendo con fidelidad relativa el tema central expuesto en las viñetas, y desalentadora porque el director Marc Webb hace demasiado hincapié en la subtrama romántica de la historia en detrimento de las escenas de acción, que se antojan un tanto desdibujadas. Entendedme, hay mucha acción y mucho espectáculo, pero le sobra caramelo romántico.

Lagarto, de profesión supervillano
Destaca sin embargo la exploración de la orfandad de Peter Parker, una particularidad que apenas había sido atendida en entregas anteriores y que aquí cobra la dimensión emocional que merece, situando la intriga y la búsqueda de respuestas como motores de la trama. Podría decirse que es la historia de un chico que sale en busca de un padre y se encuentra a sí mismo. Parker se sabe diferente. Es un marginado, un flojeras, un pagafantas, pero tiene alternativas. Como las tenemos todos, como las tiene cualquiera de nosotros. Spiderman es un recordatorio de lo que representa el heroísmo imperfecto y del coste personal que implica adoptar (y mantener) una postura ética ante la vida.

2 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Ay, Domingo, Domingo, que al leer el párrafo final me parece que no has podido evitar lo que todo buen escritor: hablar de todo lo demás haciéndolo de ti mismo. Eres grande.

Domingo dijo...

Fernando Solera: Que levante la mano quien no padezca "peterparkismo" en un grado u otro. Todos presentamos vulnerabilidades y somos imperfectos, pero es bueno que así sea, porque de ahí nacen también nuestras fortalezas.

Publicar un comentario