La entrega en Nueva York del premio teatral Sarah Siddons a Eve Harrington despierta entre varios de los asistentes al acto el recuerdo de cómo ha sido la fulgurante trayectoria de la joven actriz. Admiradora incondicional de la estrella en declive Margo Channing, a la que desea reemplazar sobre los escenarios, Eve va utilizando todo tipo de resortes para cumplir su objetivo. Narrada a través de siete flash-backs, Eva al desnudo es un espléndido cuento moral sobre los mecanismos del éxito en el mundo teatral, en particular, y la sociedad norteamericana, en general, que se sitúa a la cabeza de las películas escritas y dirigidas por Joseph L. Mankiewicz, cuya ácida visión del show business se convierte en una despiadada descripción de las pulsiones más oscuras y primitivas del ser humano.
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| Duelo de actrices |
El ascenso al estrellato de una joven actriz que se aprovecha de su amistad con una vieja gloria para triunfar vertiginosamente sirve como radiografía de múltiples ambiciones y de encarnizados arribismos. En definitiva, el universo de los actores, la verdad y la mentira de la representación, la lucha por el éxito y el terror al fracaso. La cara oculta de la alfombra roja, las cloacas y el callejón sin salida que se esconden detrás de la cúspide. Dentro de una sociedad competitiva, donde sólo el triunfo da la razón, funciona un juego de engranajes que Eve maneja a la perfección, manipulando a tirios y troyanos para lograr el éxito, pero ella misma será utilizada por otros oportunistas en una cadena infinita de dominaciones. Con su lucidez racionalista, su alto grado de penetración psicológica y su inteligencia dramática, Mankiewicz logró en Eva al desnudo una de las cumbres de su carrera, uno de los títulos que mejor definen al cine estadounidense clásico, fundado en la claridad expresiva y la precisión del lenguaje. No sólo en lo que se refiere a los diálogos, que son memorables y cuya maestría ha quedado como modélica, sino en el empleo de recursos cinematográficos que comprenden desde la compleja estructura de guión y la exacta dirección de actores hasta una puesta en escena al servicio del disfrute del espectador. Los personajes de la película, que coinciden en su desprecio por la humanidad, en su incapacidad para amar y ser amados y en su insaciable ambición y talento, han quedado ya como prototipos, como seres casi de carne y hueso que nos sirven de punto de referencia. Nadie puede ya hablar de la ambición, de la usura del paso del tiempo o del gran teatro del mundo sin que la nítida sombra de Eva al desnudo atraviese por su cabeza.
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| El director, la aspirante y la estrella |
Hay en el cine películas puramente cinematográficas y obras maestras de algo distinto al puro arte de contar una historia en imágenes. Eva al desnudo es una obra maestra de ambas cosas. Es la más cinematográfica de las películas sobre el teatro y la más teatral en cuanto a su lucidez para mostrar ese mundo. El patetismo, las contradicciones, el amor y el odio, la vanidad y la manipulación, la ambición y la ternura, los celos y la solidaridad, la frustración y la soledad, la pasión y el éxtasis de las gentes del teatro. De todo esto habla Eva al desnudo, de cómo nos aferramos al éxito a cualquier precio, de cómo el peso del tiempo nos aplasta, de cómo luchamos por nuestro sitio a costa de lo que sea y de cómo finalmente somos víctimas de lo que nosotros mismos provocamos. Somos como el duelo entre Eve Harrington y Margo Channing, el duelo feroz entre una principiante con modos de paloma que pronto se revelará halcón y una gran diva del teatro en su madurez que olfatea el fin de su carrera. Ese enfrentamiento, encarnado por Anne Baxter y Bette Davis, con mordacidad verbal y fuego en la mirada, es uno de los grandes atractivos de una Eva al desnudo que juega con la fragilidad de unos seres indefensos casi siempre y que viven instalados en la mentira. Es cine puro, contado como sólo lo cuentan los cineastas americanos, y cine culto, refinado, con toda la tradición de los mejores cineastas europeos. Es una mezcla de las dos formas de ver y entender el cine. Es un placer para todos los sentidos. Para ver, para oír, para paladear plano a plano, secuencia a secuencia.



5 comentarios:
Es una película tremenda, depurada hasta los límites más recónditos, de una precisión de auténtica ingeniería. Quizá de tan perfecta pueda resultar un tanto fría, no sé.
Hace días escuché que para que una película se convirtiera en una obra maestra hacía falta tiempo, maduración y crecimiento de los puntos de vista en general. Por eso entiendo que esta película que hoy nos traes sea una obra maestra porque el tiempo, la experiencia y su larga trayectoria ha demostrado la multitud de temas que desarrolla. Una buena entrada, Domingo.
Un abrazo
Fernando Solera: Ciertamente es una película redonda y sin fisuras, muy bien sellada, sin grietas ni vías de agua.
Esilleviana: Así es. No hay mejor ni más severo juez que el paso del tiempo. Si sobrevives a su dictamen es que eres jodidamente bueno. ;)
No puedo sino darte la razón,porque es una película perdurable,tremendamente adictiva de las que nunca te cansas.
Besos.
Marinel: De lo bueno no se cansa uno nunca. ;)
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