Xavier es un joven parisino que vive sin complicaciones en su ciudad de origen. Allí cursa el último año de la carrera de Ciencias Económicas y hace planes a corto plazo con su novia Martine. Pero la posibilidad de obtener un trabajo en el Ministerio de Economía para el que es imprescindible hablar bien español hace que se vea obligado a pedir una beca para estudiar por un tiempo en Barcelona. En la capital catalana tendrá que compartir piso con otras cinco personas: un italiano, una inglesa, un danés, una belga y una española. Una mezcla simpática y ruidosa que pondrá patas arriba la convivencia. Todos se encuentran en la misma situación, estudiando gracias a los programas de intercambio universitario europeos. Durante un año, esta casa de locos, esta pequeña comunidad, esta ONU en miniatura, aprenderá a conocerse y a soportarse, descubriendo hasta qué punto existe una identidad europea a través de una indudable heterogeneidad.
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| Con su novia Martine |
Filmada con cierto aroma a vanguardia juvenil por el cineasta Cédric Klapisch, Una casa de locos es una película que juguetea con varios géneros -desde la comedia de naturaleza caótica al drama sobre la propia existencia- sin sacar partido de ninguno de ellos. Apoyándose en una especie de análisis sociológico sobre la Europa del euro, el realizador galo intenta elaborar un mensaje de crítica social mediante un vehículo tan circunstancial como el hecho de la mala planificación de las becas de intercambio estudiantil.
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| Al compás de los topicazos |
Sin preocuparse mucho
por mostrar la realidad de los universitarios que obtienen este tipo de
ayudas y caricaturizando la experiencia Erasmus como un mero máster en
garitos, el director se encarga simplemente de encadenar una serie de
tópicos, de los de reportaje televisivo, que tienden a reflejar una
Barcelona desdibujada y sin esencia. Todo ello se completa con una historia sin conflictos cuyo avance es más lento que una vespa en una autopista, unos personajes tan vacíos como la biblioteca de Pamela Anderson y una trama pretendidamente cómica que ni siquiera arranca una media sonrisa.



2 comentarios:
O sea, mala de solemnidad. Me alegro de que nos lo aclares, que tampoco están las cosas para perder el tiempo viendo pelis malas. Qué menos que perdir que sean entretenidas.
Fernando Solera: A lo mejor soy yo, que me estoy haciendo un poco pejiguero. :P
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