27 de agosto de 2012

LA GUERRA DE LOS MUNDOS

Sospecho que esta película de Steven Spielberg, pese a la apabullante maquinaria propagandística que se desplegó en su estreno, no colmó las expectativas del público más juvenil, formado en la escuela del videojuego y la estética Matrix. La guerra de los mundos, basada en la novela homónima de Herbert George Wells, opta sin ambages por un clasicismo que a las nuevas generaciones quizá se les antoje anticuado o decepcionante. Un desencanto que el propio director parece intuir y sobre el que reflexiona abiertamente a través de la figura del hijo mayor de Tom Cruise, obsesionado con la idea de plantar cara a la invasión extraterrestre con métodos militares. El veterano Midas de Hollywood parece querer decirnos que ya sabe que nos va la marcha y que reclamamos más secuencias de acción y pirotecnia, pero que no nos las va a dar y que lo siente de veras. Y es que Spielberg nos ofrece un filme que se sostiene sobre la composición de personajes y sobre la creación de un suspense al modo clásico.

Sobrevivir al horror
Los diez primeros minutos de proyección funcionan como una prodigiosa declaración de intenciones. El personaje encarnado por Cruise es retratado con una capacidad de síntesis que sólo está al alcance de los cineastas de raza: arrogante, pueril, irresponsable, absolutamente inútil para sobrellevar las obligaciones paternas. La media hora siguiente se desarrolla con la exactitud de un metrónomo: una vez delineados los personajes, asistimos a la invasión extraterrestre, fulminante y arrasadora. Spielberg no escatima efectos especiales, pero se trata de un dispendio puesto al servicio de la historia y no un mero aderezo cosmético, como suele ocurrir en tantas producciones coetáneas. El rayo crematorio con que los invasores exterminan a los humanos nos trae enseguida a la memoria el holocausto judío, una de las obsesiones más recurrentes de Spielberg. En este tramo de la película se albergan algunos de sus planos más contundentes y conmovedores: mientras el mundo se convierte en una inmensa urna cineraria, el viento hace tremolar jirones de ropas que hasta unos minutos antes habían abrigado a personas inermes y desavisadas. Un poco más tarde, cuando los protagonistas ya hayan iniciado la huida, Spielberg nos regalará otra imagen sobrecogedora, convirtiendo un río de aguas cristalinas en un desfile de mortandad. Aquí el metraje toma aire para introducirnos en su siguiente fase, la lucha desesperada por la supervivencia.

Invasión alienígena
Si en Minority Report Spielberg trazó una fábula futurista, en La guerra de los mundos recupera el sabor de la ciencia ficción clásica, aquella que abreva en las paranoias e historias de la Guerra Fría. A algunos esta elección se les antojará añeja, pero lo cierto es que nuestra época reproduce, metamorfoseado el enemigo, aquellos miedos de antaño. En esta película hallamos referencias más o menos explícitas a la hecatombe de las Torres Gemelas y a la invasión de Irak; y, junto a ellas, como suele ser habitual en el cine de Spielberg, homenajes a las películas que alumbraron la infancia de uno de los más indiscutibles genios que ha deparado el arte cinematográfico en los últimos cuarenta años.

3 comentarios:

Fernando Solera dijo...

No la he visto, pero reconozco que es un crack, un hombre que ama al cine por encima de todas las cosas. Podrá rodar muchas películas, pero probablemente pasará a la historia por la fantasía infantil protagonizada por un extraterrestre, que hizo soñar a niños y mayores.

Esilleviana dijo...

Tampoco he visto esta película. Steven Spielberg es un referente en este asunto de dirigir y escribir un buen guión. Pero lo que más me agrada es leer tu punto de vista y tus impresiones, son interesantes.

Un abrazo

Domingo dijo...

Fernando Solera: E.T. nos robó el corazón a todos. Y aún no nos lo ha devuelto.

Esilleviana: Interesantes son vuestros comentarios, motor de todo esto y el pegamento que mantiene unidos los fragmentos de mi entusiasmo por seguir dándole a la tecla. :)

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