23 de agosto de 2012

LA INTÉRPRETE

Decir que esta película es la mejor de Sydney Pollack en las últimas décadas es tanto como no decir nada, pues la filmografía del cineasta estadounidense, desde la ya lejana Memorias de África, se amuebla con títulos prescindibles o decididamente horrendos. Pollack, que nunca ha sido un genio, gozó sin embargo de una época de esplendor para despeñarse después por los barrancos de la decadencia. Cuando supe de la trama de La intérprete, pensé de inmediato que se trataba de una historia con la que sin duda Alfred Hitchcock habría elaborado un filme lleno de misterio y sofisticación. El hecho de que la Organización de Naciones Unidas, ese conjunto de pasillos donde se habla a menudo de cómo evitar guerras, desastres y crisis mundiales, brindara, por primera vez en su historia, su sede para el rodaje de una película, acrecentó mis esperanzas y también la impresión de que aún podía rescatarse algo del aroma irrepetible de las intrigas del genio británico. Naturalmente, estas ilusiones no han tardado en verse defraudadas: que la ONU permitiera el acceso a Pollack sólo prueba la progresiva irrelevancia de esta institución, y que yo llegara a concebir la ilusión de que Pollack fuera a resucitar el espíritu de Hitchcock sólo prueba una ingenuidad recalcitrante colindante con el candor. Un tipo que desgració el legado de Billy Wilder en el horroroso remake de Sabrina puede, con el mismo desparpajo, desbaratar las posibilidades hitchcockianas de un guión.

La sin sangre de la Kidman
El prestigio que aureola a Sydney Pollack, un prestigio que vive de las rentas, le permitió contratar a los actores más descollantes, reclamo que constituye el principal atractivo de esta película. Para La intérprete, Pollack consiguió engañar a Nicole Kidman y Sean Penn, incapaces de establecer como pareja la más elemental química. La Kidman, empeñada en preservar su aspecto juvenil y angelical, casi virginal, muestra los estragos del bótox, que amenazan con convertirla en un muñeco diabólico paliducho y con la expresividad de un manillar de bicicleta. En cuanto a la sobreactuación de Penn, baste decir que jamás había visto a un actor marcar tantas arrugas y exprimir tanto ese gesto de hombre aquejado por el estreñimiento y las almorranas en cada plano. Pero el naufragio de La intérprete no debe atribuirse a sus actores, sino a la ramplonería de un guión que no logra implicarnos ni con el drama personal de sus protagonistas, ni con la tragedia colectiva que trata, un tanto burdamente, de denunciar los genocidios africanos y, sobre todo, a la dirección desganada de Pollack, quien en su afán de revestir una película de suspense con los ropajes de la denuncia política se queda en un terreno de nadie carente de nervio y de una insulsez pavorosa. Esta atonía general se revela de un modo particularmente insufrible en su desenlace, que se presume climático, pero que sólo estimula el bostezo y la hilaridad. La escena, alargada hasta la exasperación, en la que Kidman encañona al genocida africano de turno mientras le reprocha haber traicionado sus ideales de juventud, merece figurar en lugar destacado en cualquier antología del cine ridículo-pedestre.

Tome más fibra, querido Sean
La intérprete se nos presenta como una variante política del asunto mujer en apuros que tantas obras maestras ha deparado, pero en ningún momento logra Pollack crear una verdadera sensación de peligro en torno al dúo protagonista, una mujer analítica que cree en la fuerza de las palabras y un expeditivo agente federal que sólo se fía de su instinto. Dos personalidades opuestas que juegan al gato y al ratón creando una tensión rutinaria y fofa. Y para terminar de rematar el despropósito, La intérprete es también una película falsorra, pues para denunciar los crímenes contra la humanidad que se cometen ante la impasibilidad del mundo, Pollack se inventa un país imaginario. De este modo, cuando hacia el final resuenan enfáticamente los nombres de las víctimas, el efecto resulta más irrisorio que emocionante.

4 comentarios:

Fernando Solera dijo...

No he visto la peli pero estoy de acuerdo respecto a lo que dices de Pollack. De niño vi 'Memorias de África' y me pareció un tostón infumable. Lo mejor, la música de John Barry. Por cierto, ahora me entero de que Pollack murió hace cuatro años. Qué desconectado estoy.

Marisa dijo...

En mi humilde opinión
pienso que el papel de
Nicole Kidman en esta película
es poco creíble y por lo que
a tí te leo parece que
también todo lo demás.

Un abrazo

Esilleviana dijo...

Partiendo de que N. Kidman no me resulta una buena intérprete ni actriz, esta película no me desagradó del todo. Está claro que más adelante debería leer este post y sería evidente que acabaría cambiando de opinión tras descubrir todos los fallos :))

Un abrazo

Domingo dijo...

Fernando Solera: Te mueres, te hacen las loas pertinentes y a criar polvo en el olvido. Le pasó a Pollack y les pasa a todos. ¿Quién se acuerda ya de Marlon Brando o de Paul Newman, por ejemplo? Tú, yo y cuatro más. Y eso que no han pasado ni diez años.

Marisa: Es difícil que Kidman resulte creíble, pero no en esta película en concreto, sino en cualquier otra que haga.

Esilleviana: Mis opiniones no son las Sagradas Escrituras. Si te gustó "La intérprete" está genial que así sea. :)

Publicar un comentario