Como dice la canción, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Esto es precisamente lo que piensa George Monroe cuando le diagnostican una enfermedad terminal. Con una existencia casi tan desastrosa como los cuadros de Paul McCartney, Monroe decide ordenar su realidad más inmediata después de enterarse de que ha perdido su empleo. Como su pasión frustrada era la de la arquitectura, y él vive en una covacha de características infames, se aventura a montarse un habitáculo de acuerdo a sus preferencias personales. Poco a poco, su familia, a la que creía perdida para siempre, aparece para apoyarlo en su propósito de enmienda.
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| Un buen equipo |
Cansado de tanta comedia, Kevin Kline regresó a las pantallas con un filme sobre la importancia de la familia, algo que ya había tocado de manera tangencial en La tormenta de hielo. Para ello, el protagonista de Grita libertad se pone a las órdenes del director Irwin Winkler, encabezando el reparto de una de esas películas que gustan tanto a la audiencia yanqui sobre la recuperación del amor de los seres queridos.
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| Todo por un sueño |
La casa de mi vida bien podría encuadrarse como una cinta de las denominadas de actores, en las que la acción es casi inexistente y en la que el peso recae en los diálogos trascendentales y los silencios sostenidos. En ese contexto, Kevin Kline cumple con creces dando la batuta rectora a la estimulante Kristin Scott-Thomas y a la frescura dramática de Hayden Christensen. Sin embargo, tanta corrección termina por conducirnos a un plúmbeo resultado final, haciendo que el espectador tenga la sensación de que el metraje se alarga como un chicle sin el menor sentido del entretenimiento.



3 comentarios:
O sea, un tostón. Entre tantas grandes películas siempre se tienen que colar algunas 'plúmbeas' ;-)
Es un tema complicado este de las relaciones familiares.
Me gusta eso de los silencios sostenidos siempre deja hueco a la reflexión.
Un abrazo
Fernando Solera: ¿Qué sería de "La claqueta" sin esas pelis plúmbeas? Le dan vidilla a esto. :P
Marisa: Donde hay personas, hay problemas, es inevitable. Ya sea en una familia, en un billar o en un club de ajedrez. Lo que cuenta es superarlos.
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