17 de septiembre de 2012

LITTLE CAESAR

Terminada la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos vuelve al aislacionismo que permite relanzar su economía aprovechando la debilidad de Europa. Tal prosperidad económica implica una política conservadora que se traduce en la promulgación de leyes regresivas como la Volstead Act, que a partir de 1919 establece la prohibición de fabricar, almacenar, vender y consumir todo tipo de bebidas alcohólicas. Ha nacido la ley seca y con ella el fenómeno del gangsterismo.

Un hampón de cuidado
En esos primeros tiempos, las bandas de mafiosos se dedican en exclusiva al negocio del alcohol, pero las grandes cantidades de dinero que acumulan les llevan a ampliar su campo de actividades. La violencia se adueña de las calles y los medios de comunicación alzan a la categoría de héroes mediáticos a individuos como John Torrio, Arnold Rothstein y Al Capone. De todos ellos, Capone es quien más ríos de tinta hace correr con sus excentricidades de nuevo rico, su aspecto brutal y su poder omnímodo en el área de Chicago. Su fama es tan enorme que el cine no tarda en copiar su vida de criminal en dos grandes películas, Scarface, de Howard Hawks, y la que aquí nos ocupa, Little Caesar, crónica del ascenso y caída de un gángster igualmente violento e irreflexivo al que da vida con absoluta convicción un Edward G. Robinson en verdadero estado de gracia.

Herido de bala
Aunque previsible, toda la película alimenta la galería de temas y personajes del cine de gángsteres, antecedente a su vez del cine negro y de toda la posterior glorificación de la mafia producida por Hollywood hasta nuestros días. Nacido en la más absoluta pobreza e iletrado pero no exento de una inteligencia innata y complementaria de su instinto de conservación, Little Caesar empieza de simple peón y termina en la cima del crimen organizado, de donde caerá cuando un exceso de confianza y soberbia le conviertan en blanco fácil de sus adversarios.

5 comentarios:

Marinel dijo...

Nunca me han gustado mucho las pelis de ganster y aún así alguna he visto,naturalmente,pero esta no.
Aunque creo que no me he perdido mucho,¿verdad?
Besotes.

Fernando Solera dijo...

Tu disco duro es la bomba, Domingo. Otra película de la que no tenía ni pajolera idea de su existencia. Y ya van...

Domingo dijo...

Marinel: Si no te gusta este género es obvio que no te pierdes nada. ;)

Fernando Solera: Bueno, algunas es mejor que no las conozcas, ese mal trago que te has ahorrado. :P

Esilleviana dijo...

Me sonaba el protagonista pero no he visto esta película -como siempre jaja-; ahora bien, solo añadir que como consecuencia de aquella represión y la ley seca llegaron los locos años 20, con toda clase de -desmadres- mejor, excesos incontrolados y la crisis con el crack del 29.... uff no quedan tan lejos aquellos tiempos.

Buena reseña :))

un abrazo

Domingo dijo...

Esilleviana: Lástima que del crack del 29 no se extrajera ninguna lección y se hayan cometido tantos desmanes desde entonces hasta nuestros días, que estamos como estamos.

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