8 de septiembre de 2012

COMPULSIÓN

Poco antes del inicio de la Gran Depresión, en el Chicago de 1924, Judd Steiner y Artie Strauss, dos jóvenes estudiantes de buena familia, secuestran, torturan y matan a una persona elegida al azar para entretenerse y demostrar su superioridad. Tras cometer varios delitos sin ser descubiertos e influidos por las teorías del superhombre de Friedrich Nietzsche, consideran posible burlar todos los resortes de la ley.

Hijos de una sociedad enferma
Con un argumento que recuerda en no pocos de sus aspectos al de Crimen perfecto, Compulsión se diferencia de la obra maestra de Alfred Hitchcock en su alto contenido moral, que implica un sentimiento de repulsa y horror hacia sus protagonistas inversamente proporcional al malicioso sentido del humor que el director británico imprimió a sus astutos y hasta simpáticos personajes. Definidos con precisión casi documental, los dos jóvenes aspirantes a hacer prevalecer su instinto asesino adolecen de una completa falta de empatía que les despoja de escrúpulos y del lastimoso lastre que hubieran podido ejercer sobre ellos los remordimientos de una más que hipotética mala conciencia. Sin embargo, más allá del retrato de dos psicópatas carentes de sentimientos, la película se anota varios puntos de audacia y se sirve de esa metafórica pareja protagonista para esbozar un cuadro mucho más sobrecogedor: el de una sociedad opulenta y estúpida a punto de ser devorada por su propia borrachera de poder económico, un poder al que le ha sido muy útil la pérdida progresiva de valores tan elementales como el respeto a la vida humana.

Orson Temperamento Welles
Aunque para muchos el principal atractivo de Compulsión puede ser la presencia de Orson Welles, que da vida al endurecido abogado defensor de los sagaces asesinos, el trabajo de dos antiguos niños prodigio de finales de los cuarenta como Dean Stockwell y Bradford Dillman no hace sino añadir una nota aún más inquietante y perturbadora en este clásico menor dotado de increíble fuerza que ofrece una más que lograda recreación del Chicago de los años veinte al tiempo que lanza sobre el espectador una serie de preguntas de difícil respuesta. 

2 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Ni idea, otra película más para la buchaca de la que desconocía completamente su existencia. Menudo disco duro tienes, Domingo.

Domingo dijo...

Fernando Solera: Hay material para rato, sí. ;)

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