Álex y Virginia se van a casar y, como miles de ciudadanos españoles, quieren comprar una casa en la que comenzar su nueva vida y, tal vez, formar una familia. Reúnen todos los ahorros que tienen y el dinero que les presta el padre de ella y se embarcan en la compra de un piso. Hipotecados para el resto de sus vidas, cuando faltan pocos meses para la entrega de la casa, las obras se paran y la zona de construcción queda precintada. Álex comienza a luchar por conseguir lo que es suyo, pero lo que no sabe es que la estafa inmobiliaria es más sofisticada de lo que piensa y que es muy difícil recuperar el dinero perdido.
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| El (pobre) hombre cotidiano |
La situación socioeconómica actual tiene dos caras: la de aquellos que lo han perdido todo y viven al borde del colapso, y la de esos otros que, responsables del desastre, asisten al drama desde sus confortables burbujas blindadas. Cinco metros cuadrados, el tercer largometraje de Max Lemcke, recuerda a las películas de los años 50 que trataban sobre el tema de la vivienda pero, a diferencia de éstas, elude cualquier posicionamiento y se aleja del mensaje social, aunque sí refleja cómo el ciudadano de a pie ha pasado de la preocupación a la indignación y de ahí al cabreo más exacerbado por un seísmo que se lleva su sistema de vida, sus derechos y su futuro.
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| El rostro del drama |
Fernando Tejero y Malena Alterio, la pareja protagonista, nos representa a todos, refleja la pequeña ambición de quienes en el boom inmobiliario pensaron en comprar una casa y ahora pagan los platos rotos de los reyes del ladrillo que, sobrevolando el país a lomos de sus grúas, hicieron de España un Monopoly sembrado de hoteles y casitas. Y en medio del marasmo, en el centro de la debacle, siempre las mismas víctimas, aquellos que no pueden esconderse del pinchazo y lo pierden todo sin entender el porqué mientras los grandes constructores, con la aquiescencia de los políticos, siguen apostando en una ruleta trucada que siempre saca el número ganador.



3 comentarios:
Algunos vimos venir esta historia hace más de siete años, mucho antes de rodarse esta cinta, cuando nadie hablaba de la burbuja inmobiliaria. Gracias a que lo supe prever hoy puedo dormir tranquilo por no tener deudas. El ladrillo se ha llevado por delante a mucha gente de mi generación, nacidos en la década de los setenta. Muchos de ellos no van a levantar cabeza en sus vidas. Tanta gente jugando al Monopoly es lo que tiene...
He visto esta película y tampoco me gustó tanto. Pero en todo caso, ¿cuanto tenemos nosotros, los ciudadanos, de culpables en toda esta crisis? porque los bancos y todos los créditos fáciles que proporcionaron a sus clientes, ellos eran los principales beneficiarios.
Un saludo :)
Fernando Solera: Lo de este país con el ladrillo da para varias tesis doctorales. Entre ellas la que has escrito tú si juntas todos los "posts" que has ido escribiendo, tan lúcida y certeramente, sobre el tema.
Esilleviana: A los ciudadanos nos falta cultura financiera, somos prácticamente analfabetos económicos, y de eso se han ido aprovechando los golfos y sinvergüenzas con que nos hemos ido tropezando todos estos años en las sucursales bancarias.
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