Harry es un hombre que ha perdido el cariño de su mujer y sus hijos. Todo lo que hace es para ascender en el trabajo, aunque su vida íntima sea un desastre. Un día, por casualidad, conoce a Georges, un mongólico que parece abandonado. Harry decide llevar a Georges a su casa, pero a partir de ese momento no podrá librarse de él. Georges le ha tomado mucho cariño. Poco a poco, estos dos hombres que tienen tan poco en común se van haciendo inseparables. Harry descubrirá pronto que si hay alguien digno de compasión es él y no el aparentemente indefenso Georges. Afortunadamente para Harry, ya nada volverá a ser igual.
| ¿Qué es ser "normal"? |
El octavo día escenifica el choque entre dos mundos: el mundo que se considera "normal" y el que parece que no lo es. El director Jaco Van Dormael filma la historia de una amistad imposible y entrañable entre dos hombres separados por un desigual coeficiente de inteligencia. Harry es un hombre complejo y atormentado; Georges es mongólico, pero alegre y feliz. Si os emocionó ver a Tom Hanks interpretar a un hombre nada inteligente en Forrest Gump o a Dustin Hoffman dar una lección de autismo en Rain Man, es toda una delicia ver al mongólico Pascal Duquenne dar vida a Georges, que no pone filtros a su cariño. Cuando tiene que mostrar felicidad es feliz, cuando tiene que mostrar pena o dolor sufre de verdad, no puede fingir. Mientras que Harry es un hombre atrapado en el remolino de la vida y el trabajo que está perdiendo su propio ser y que, al perderlo, pierde a las personas que quiere. Es un robot de la vida cotidiana, un héroe moderno. Georges y Harry son una pareja al estilo de El Gordo y El Flaco, cuando están juntos son más interesantes. Y ambos, por distintos caminos, llegan a la misma verdad.
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| Amar la diferencia |
El octavo día no es una película sobre mongólicos, es una película sobre la belleza de lo aparentemente desagradable, sobre la gracia de lo aparentemente corriente. Ver esta película nos hace más libres y más generosos, nos ofrece talento para vivir y para exprimir la vida y el momento presente, para comprender el mundo bajo otro punto de vista, para concebir el universo en la riqueza de su diversidad y redescubrir nuestra capacidad de amar. El octavo día es una película que actúa como catalizador. Después de verla sientes ganas de hablar con el vecino en lugar de odiarlo.


4 comentarios:
No hay que odiar a los vecinos, ni a nadie, aunque celebro que esta película despierte el lado más sensible de cada uno de nosotros. Ni siquiera hay que odiar a los blogueros caraduras que asoman su jeta, tiran cuatro flores, y con excusas peregrinas no vuelven hasta el año que viene. Lo digo 'desde' el cariño a ellos, claro está ;-)
Fernando Solera: A esos "blogueros caraduras" no les sale a cuenta ni dejar un saludo para poner un enlace a sus blogs. ¿Para qué? Total, si aquí apenas entra gente. :P
Jo...
Me ha emocionado ya y es de esas que hago lo posible por ver,con una cajita de pañuelos al lado,claro,pero contenta, porque me encanta ver romper barreras al parecer irrompibles...
Yo tengo una vecinita con síndrome de Down y es una ternura de niña. Tiene dos años más que Sandra,12, pero es más bajita y cuando nos ve, se nos abraza,nos besa y nos ríe todo el tiempo.
Se nos cae la baba con ella y nos hace ver-yo se lo hago ver desde siempre a Sandra-que la felicidad es una delgada línea que nosotros mismos podemos,si queremos,traspasar...
Besos.
Marinel: Son personas que dan mucho sin pedir nada a cambio, generosas a la hora de prodigar afecto. Nos conectan con nuestro mejor yo, no cabe duda.
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