7 de octubre de 2012

LAURA

Laura Hunt ha sido asesinada. El detective Mark McPherson se encarga de la investigación. Mediante la colaboración de uno de los sospechosos, Waldo Lidecker, periodista vividor y protector de Laura, el detective va conociendo las claves de una mujer enigmática y misteriosa. También investiga a su novio, Shelby Carpenter, un joven sin oficio protegido por una tía de Laura que le ama en secreto. Lo que parecía un crimen vulgar va adquiriendo un halo de fascinación, y el propio detective será presa de los encantos cautivadores de la muerta. Y entonces, inesperadamente, la historia dará un giro. Aparecerán nuevos sospechosos del asesinato de Laura, entre ellos la propia Laura.

Mujer en penumbra
Basada en una novela policiaca y a medio camino entre la tradición británica, donde cualquier personaje tiene motivos para ser el culpable, y la norteamericana, donde un peculiar detective crea una particular atmósfera mientras realiza la investigación, Laura es uno de los grandes mitos de la historia del cine, un clásico del cine negro que apoya su estructura en un perfecto juego de flash-backs y en una fotografía sobresaliente. Pero Laura, como las grandes películas, es mucho más que un hito histórico. Es también, y en mayor medida, el paradigma de la fascinación. Fascinación que se ejerce desde dentro de la historia y desde fuera de ella, dentro de un cine, el del Hollywood de los años cuarenta, que se define precisamente por eso, por su capacidad de fascinar.

¿Quién mató a Laura Hunt?
Laura es también la historia de un combate obstinado entre dos formas de entender la vida. Una incierta batalla entre un romántico decadente, vividor y cínico (Waldo Lidecker, el periodista protector de Laura, que "no escribe con estilográfica, sino con plumas de ganso mojadas en veneno") y un policía analítico, realista y distante (el detective Mark McPherson, que nunca ha estado enamorado, aunque "una vez, una muñeca de Hollywood logró sacarle un abrigo de pieles"). Porque Laura, el amor hacia Laura, es lo único que une a los dos contendientes. Lidecker ha conocido a Laura en vida, ha compartido sus gustos y sus objetos con ella, y la ama con impotencia, con distancia, con ocultamiento de la verdad. McPherson, por su parte, es cautivado por una muerta, se enamora del reflejo de una imagen. Lidecker sólo podrá satisfacer su amor con la muerte, mientras McPherson posee las armas para ganar el combate: objetividad, realismo, constancia. Toda la perversidad psicológica del director con más cara de mala uva del cine americano se da cita en Laura, anunciando lo que serán las claves del cine de Otto Preminger: la dicotomía entre lo antiguo y lo moderno, entre la luz y la sombra, entre la voluntad y los sentimientos. Poco importa quién mató a Laura, o quién intentó matarla. Lo que importa es el porqué. Y es que, como comenta Lidecker en su emisión radiofónica, "el amor es más fuerte que la vida y llega mucho más allá de la muerte".

2 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Y tanto. El amor es la energía que mueve el mundo. Todo es amor en el universo, y si ves a Gene Tierney, una actriz tan bella como insulsa, se comprende un poco más :O)

Domingo dijo...

Fernando Solera: Las conozco muchísimo más insulsas incluso, que ya es decir. :P

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