21 de marzo de 2012

HEAT

Heat comienza con una magnífica intriga y un intrincado atraco, que muestran inequívocamente tanto la habilidad técnica del director Michael Mann para reflejar la acción urbana como su concepción de la actividad criminal como el acto existencial por excelencia del mundo moderno. Recurriendo a la estrategia lógica de un señor de la guerra, el pulcro e impecablemente vestido Neil McCauley (Robert De Niro), apoyado por sus huestes, se apodera de un camión blindado y consigue una enorme suma procedente del pago de unas nóminas. Uno de los miembros recién incorporados a la banda enloquece y asesina a tiros a tres de los guardias. Esto repugna al racional McCauley, que no desea que sus hombres hagan daño a nadie innecesariamente. Se muestra ofendido, e incluso enfadado, por semejante pérdida de control. Tiene una visión fría y calculadora de su trabajo, y éste es el robo, no el asesinato, a menos que sea absolutamente imprescindible y siempre dictado por el intelecto, no por la pasión.

De cacería
Nada más cometerse el crimen, el inspector de homicidios Vincent Hanna (Al Pacino) se pone manos a la obra. Aunque recuerda un poco a McCauley, y a cierta distancia es posible confundirlos, los dos hombres no pueden ser más diferentes en cuanto a su modo de ver las cosas. Hanna es un personaje un tanto desaliñado, un individuo temperamental que se ha casado ya dos veces y está a punto de perder a su tercera mujer. Es bueno en lo que hace, incluso muy bueno, y se entrega a su trabajo con la dedicación de un adicto. Pero desordenado y excesivamente emocional, dedica tal cantidad de esfuerzos y energías a su vida profesional, que cuando regresa a casa junto a Justine y su hijastra de tendencias suicidas, ya no le queda nada que dar. Por el contrario, McCauley (que está planeando dar un último gran golpe y luego largarse a algún lugar cálido, como Nueva Zelanda), está a punto de enamorarse de Eady, la joven y tímida dependienta de una librería a la que ha conocido accidentalmente y por la que se muestra muy interesado. La película refleja el contraste entre sus dos vidas. La de Hanna es caótica y descontrolada; la de McCauley tranquila y sutil. No obstante, Hanna ha de utilizar la razón para solucionar el caso, del mismo modo que McCauley, consciente de que puede sentirse atraído (quizá fatalmente) por otro ser humano, debe permitirse una relación romántica en su vida al menos una vez antes de morir, aun cuando ésta se interponga entre él y su última gran obra de arte, el atraco perfecto.

McCauley en acción
La situación dramática permite a Pacino y De Niro poner de manifiesto sus diferencias cuando los dos tienen por fin la oportunidad de interpretar una escena juntos. Por fortuna, el momento tan largamente esperado no resulta decepcionante. El choque cataclísmico se produce a mitad de película. A Mann no le falló el instinto cuando escogió ese momento, en lugar de mantener al público en tensión hasta el último fotograma, cuando probablemente no habría podido encontrar una escena lo suficientemente intensa como para justificar tan larga espera. Alrededor de una taza de café ambos interrumpen su frenética actividad para desvelar todo tipo de secretos que nunca revelarían a ningún otro hombre acerca de quiénes son, lo que han hecho, sus planes para el futuro y por qué se comportan como lo hacen. Es un placer contemplar juntos a Pacino y De Niro representando las dos caras de una misma moneda. El duelo mental entre el cazador y el delincuente, intentando abiertamente comerse el uno al otro, ejemplifica la relatividad del bien y el mal, sin sermones y haciendo hincapié en la complejidad y turbiedad moral en que se basan las decisiones que tomamos, en cómo las presiones a las que nos vemos sometidos pueden hacer que se tuerzan hasta nuestros mejores propósitos. A partir del encuentro entre Hanna y McCauley, Heat adopta tintes de cine negro y se centra en los temas clave de la lealtad y la traición entre depredadores. Sin olvidarnos de la ciudad de Los Ángeles, vacía y negra, vacua como el alma moderna, desolado horizonte urbano de América en el que neuróticos como Hanna y McCauley intentarán sobrevivir.

2 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Efectivamente, comparten una secuencia. Sin embargo en el final de la película creo que no coinciden en ningún plano. Está claro que se quieren mucho. Por cierto, gran crítica para una gran película.

Domingo dijo...

Fernando Solera: Como alguien no se dé prisa en volverlos a juntar en una película me temo que el único lugar donde les volveremos a ver juntos es en un geriátrico cualquiera de Beverly Hills. :P

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