El bandido Frank Miller ha salido de la cárcel que le alojaba por asesinato. Volverá en tren a la pequeña ciudad fronteriza de Hadleyville. Juró matar al sheriff que le capturó, Will Kane. Y, entonces, las calles eran suyas. Su grupo de criminales y forajidos, desprovisto del barniz romántico y rosáceo con que un sector de testigos de la vida jamás se cansa de disfrazar las evidencias, le aguarda en la estación. El día de su boda Kane se entera del retorno del outlaw, dispuesto a eliminarle para imponer su ley, y a devolver el desorden a la población. Sobrecogido de espanto recorre el pueblo en busca de ayuda, pero todo el mundo teme por su seguridad y sólo piensa en no interferir en la pelea, en salvarse a sí mismos. Sus conocidos y amigos lo abandonan, e incluso también su joven esposa, y tras fracasar en su tentativa de organizar una defensa colectiva, civil, debe enfrentarse solo a la fatalidad. En el inevitable tiroteo Kane y su mujer, que en el último momento ha decidido estar a su lado, abaten a la banda, y cuando la gente que le había dado la espalda se le acerca para felicitarlo, Kane responde sin hablar, arrojando al polvo su estrella de sheriff.
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| Gary Cooper y Grace Kelly |
Fred Zinnemann tardó treinta y un días en contar los ochenta y nueve peores minutos en la vida de un hombre acorralado y abandonado por todos, que asume la tarea de hacer valer la ley cuando ya no es su obligación. Solo ante el peligro apuesta por el exhibicionismo psicológico, por el retrato coral. Fue etiquetada como western explicativo, simbolista, con implicaciones, con las molestas y pomposas credenciales del "tengo mucho que decir". Algún veterano ilustre, como Howard Hawks, la detestó. Un defensor del individualismo, un amante de la profesionalidad, un código de la autosuficiencia como el magnífico y arrogante Hawks no podía entender que un sheriff gimoteara ayuda de los vecinos. Era su trabajo y su problema, le pagaban para que lo solucionara sin recurrir a nadie. La cobardía colectiva no era para Hawks una suposición, era una evidencia de importancia mínima. Esta película rompe los esquemas del cine de autor. Resulta arriesgado asegurar su pertenencia. Detrás del proyecto había gente seria, trascendente, concienciada. El productor Stanley Kramer se había caracterizado por tratar temas impactantes, por eso tan prestigioso de la crítica social, por rodar con bajos presupuestos, por golpear conciencias o intentarlo, por denunciar injusticias. Por su parte, Gary Cooper tenía cincuenta y un años, un desarrollado cáncer de estómago que minaba su rostro y una situación anímica que los más caritativos calificaban de delicada. Todo dios estaba convencido de que Cooper estaba acabado para el cine, incluido un Kramer que quería para el papel de Kane a Marlon Brando, Montgomery Clift o Charlton Heston. Por fortuna para nosotros, los magnates financieros aseguraron que sólo meterían pasta si trabajaba Cooper. Gracias a ese capricho hoy disfrutamos de una maravillosa y desolada interpretación, sin maquillaje, con humanidad, desde dentro. Una especie de actitud moral. No hubo problemas con el soporte de los secundarios. La mexicana Katy Jurado aporta fuego, madurez, carnalidad. A Grace Kelly -excepto con Alfred Hitchcock- no la he soportado nunca, aunque los entendidos aseguran que está muy bien en su papel de mosquita muerta que acaba pegando tiros para ayudar al hombre al que abandonó.
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| Abandonado por todos |
A través de esta historia de suspense que sabe cómo mantener hasta el final el interés emocional del espectador, se expone una evidente parábola sobre cómo los perseguidos son dejados a su suerte. Zinnemann hizo una sintética y certera descripción de numerosos caracteres. Pero si este western perdura es porque la autenticidad de sus personajes supera a la simple verosimilitud o lógica de acción. No sólo el caminar de puerta en puerta sin éxito del defraudado Kane, de ritmo intransferible y, por tanto, irrepetible, se graba en el espectador: sus miradas de encajar la situación, de resignación, de indignación moral o de medir al contrario sin engañarse, son antológicas. También asistimos a la sinfonía de miradas de un Cooper que ya ha perdido todo su optimismo, pero que quiere, con razón, seguir en la brecha. Sólo tengo un reproche contra esta película: que Kane prefiera a la mediocre y civilizada novia antes que a una pura sangre como su vieja amante mexicana. Y es que Solo ante el peligro es tristemente demostrativa de que los valientes siempre están solos.



2 comentarios:
Qué bonita crítica, sobre todo el final. Aquí Domingo te has gustado, no en vano tienes nombre de algún celebérrimo torero. Gran crítica para una película que, imperdonablemente, tampoco he visto. Qué complejo me está entrando :-(
Fernando Solera: Vaya piropazos me echas, amigo Fernando. Al final me lo voy a creer y todo. ¡Je,je,je! Mil gracias por tus palabras. Respecto a "Solo ante el peligro" te animo a que la veas. Sé que, como yo, no eres un apasionado del western, pero éste es un western atípico, perfecto para los que no gustamos de este género.
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