30 de julio de 2012

EL ORO DE MOSCÚ

En su lecho de muerte, un anciano completamente gagá confiesa a su alucinado cuidador el destino del mítico oro de Moscú, un supuesto tesoro republicano perdido en la Guerra Civil y que al parecer no fue a parar a las arcas del Kremlin, sino a un paraje mucho más cercano. Inmediatamente, los depositarios del secreto se lanzan a una disparatada carrera a la que se irán sumando imposibles compañeros de viaje.

Jesús Bonilla, un actor todoterreno
Con la vista puesta en un doble homenaje, por una parte al clásico de Stanley Kramer El mundo está loco, loco, loco, y por otra al más casposo, carpetovetónico y rentable cine español de los 60 y los 70 (desde las comedias protagonizadas por Concha Velasco y Tony Leblanc hasta las contumaces astracanadas de Andrés Pajares y Fernando Esteso), Jesús Bonilla se incorporó hace unos años a la nómina de actores-directores para marcarse con todo el descaro posible un alarde de cine de amiguetes al que la crítica más intelectual tiró por tierra haciendo caso omiso del respetable éxito de taquilla que cosechó El oro de Moscú por encima de otros productos de mayor enjundia y ambiciones comerciales y artísticas.

La extraña pareja
El oro de Moscú funciona como una alocada comedia coral de pretendido tono berlanguiano en la que participan con entusiasmo más de una docena de nombres curtidos en el cine y la televisión, lo que demuestra la interacción entre ambos medios, sobre todo si se trata de medir la popularidad de sus estrellas cómicas. Abundan los chistes de mal gusto, el generoso elenco de actores y actrices pasándolo en grande e improvisando la mitad de sus diálogos, los gags visuales con un toque de hilaridad y los personajes pintorescos que, apenas esbozados, nos sitúan frente a la gama de impresentables y sinvergüenzas más castizos de los últimos tiempos.

3 comentarios:

Fernando Solera dijo...

El oro de Moscú podrás gustar mucho o poco, pero quizá refleja como pocas películas la esencia del español medio. Vernos así, de frente, tan de sopetón, nos impresiona un poco.

Marinel dijo...

No es una película para sentarse cómoda y relajada olvidándote del mundanal ruido...
Más bien es de esas que te dejan desanimada ante un hecho fehaciente como es el que los españoles vamos hacia delante renqueando,como muy despacito...
En fin, también tenemos cosas muy buenas,digo yo.
Besos.
Me cuelo de cuando en cuando en el ordenador,pero con mucha pereza,la verdad.
Gracias siempre por tus visitas,querido Domingo que desde hace años estás.
Muakkkk

Domingo dijo...

Fernando Solera: La imagen que devuelve el espejo no nos gusta, pero tampoco es que hagamos mucho por cambiarla. Nos gusta perpetuarnos en el error.

Marinel: No hay de qué, amiga mía. Sin lealtades el mundo de la blogosfera tendría mucho menos sentido todavía. ¡Je,je,je! ;)

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