Invierno de 1949. El ilustre escritor Blas Otamendi acaba de morir en el pequeño pueblo asturiano de Cerralbos del Sella. Desde Francia, donde vivía desde que la derrota de la República le obligara a emprender el duro camino del exilio, su sobrino Julio decide regresar a rendirle homenaje aún a costa de correr ciertos riesgos. Ese reencuentro con la realidad que abandonó años atrás marcará también el inicio de un viaje interior hacia la memoria del tiempo y los afectos perdidos.
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| Blas Otamendi |
Habituado desde hace varios años a transitar un tipo de cine que implica un lenguaje personal y un permanente homenaje a los clásicos hollywoodienses de los 40 y los 50, José Luis Garci edifica un melodrama de portentosa factura y amplio bagaje sentimental. Como ya ocurriera en otras fases anteriores de su carrera, concretamente la que abarca desde Asignatura pendiente hasta Sesión continua, el director, madrileño de origen y asturiano de adopción, hace gala de un magistral equilibrio entre su forma de ver y concebir el cine y las aspiraciones de ese público al que lleva metiéndose en el bolsillo desde que rodara Canción de cuna.
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| El sobrino |
En Historia de un beso volvemos a los ambientes bucólicos condicionados por el conflicto de la Guerra Civil y por su multitud de efectos colaterales que marcan un antes y un después en la vida de sus protagonistas. Esa interrupción de la normalidad y su consiguiente e imposible deseo de rectificación, determinan el ritmo vital de unos personajes atrapados en una suerte de melancólica tierra de nadie en la que abundan las largas miradas y los referentes literarios. Todo ello enmarcado en una impecable puesta en escena digna de maestros del melodrama intimista como William Wyler y cuyas lecciones Garci ha aprendido a la perfección.



4 comentarios:
A Garci o se le ama o se le odia, no tiene término medio. En cualquier caso a él hay que agradecerle algunas de las mejores interpretaciones del que para mí es uno de los grandes actores de la historia del cine: Alfredo Landa.
Fernando Solera: A Landa es como si se lo hubiera tragado la tierra desde que se retirara del cine en 2007. Aún recuerdo aquella dramática gala de los Goya donde un don Alfredo muy mermado por un ictus cerebral se despedía del público y de la profesión.
Parece interesante esta película.
Pero qué bueno eres haciendo críticas de cine.
Un beso.
María: Tú que me ves con buenos ojos, dulce María. :)
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