Nadie está a salvo de que un loco amargado, solitario y mentalmente inestable decida un día castigar al mundo por las paranoias que inundan su cabeza. Pero sí es posible procurar que esas paranoias no causen una masacre. Eso es lo que no entienden los millones de norteamericanos que defienden su histórico y constitucional derecho a poseer armas de fuego. Ese derecho se estableció en los tiempos en que Estados Unidos era apenas una franja de tierra pegada al mar en la actual Nueva Inglaterra y los colonos vivían hostigados por los pielrojas. Ese derecho es, pues, un símbolo histórico. Pero las armas no tienen nada de simbólicas. Las armas matan. No sirven para ninguna otra cosa. En EEUU hay 300 millones de armas de fuego en manos de ciudadanos corrientes y se calcula que casi un millón de chavales acuden armados al colegio. Uno de cada tres estadounidenses está armado hasta los dientes. Y es que comprar una pistola es igual de fácil y está mejor visto que comprar un paquete de tabaco. En esas condiciones, lo ocurrido hace tres semanas en un cine de Denver era quizá no lógico, pero sí esperable. En un país sin armas, un loco puede enfadarse mucho y pegar o herir a dos o tres. En EEUU, caen 12 personas muertas a balazos. Esa es la diferencia. Gracias a un viejo derecho simbólico.
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| Una sociedad de gatillo fácil |
¿Por qué Estados Unidos presenta la mayor tasa mundial de asesinatos por arma de fuego? ¿Cuál es la causa de que en las casas americanas, junto con la instantánea de la barbacoa del domingo, esté colgado el rifle familiar? Michael Moore reflexiona sobre estas y otras cuestiones en Bowling for Columbine a través de dos hechos: los crímenes a punta de pistola de dos adolescentes en un instituto de enseñanza secundaria de Colorado y la muerte por disparo de una niña a manos de un escolar de seis años. El oscarizado documental de Moore bien podría considerarse una película de ficción basada en hechos reales. Alejado de las estrictas normas que han imperado en este género durante décadas, el voluminoso agitador de conciencias construye una especie de collage visual en el que el mensaje de autoprotección y el miedo al fracaso y a los demás se convierten en las tesis argumentales de un filme presidido por la ironía y el sarcasmo.
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| La cultura de la pólvora |
Bowling for Columbine gira en torno a la prehistoria del hombre, a nuestro instinto primario de luchar, tener miedo y huir. Trata sobre cómo estamos siempre alerta y cómo en esa violenta psicosis juegan un papel fundamental los medios de comunicación y sus píldoras de pseudoperiodismo. Amparado en la omnipresencia de su inmensa figura, el director va desgranando, por medio de los testimonios de unos protagonistas desquiciados y enclaustrados en una aparente normalidad, las claves de una sociedad que, tanto desde sus clases más altas como desde las más humildes, endiosa la cultura de la pólvora. Y las cosas seguirán así mientras cualquier descerebrado pueda comprar un arsenal sólo con rellenar un formulario.



3 comentarios:
Reconozco que vi este documental cuando se estrenó (porque ya tiene unos añitos) y me impresionó bastante. Eso no quita para que piense que Moore es un tanto demagogo y maniqueo.
La historia ha demostrado que la falta de libertad, las armas, la represión con violencia y el miedo a los demás no educa y enseña a la sociedad, como tampoco fomenta el respeto a los otros, la comprensión y tolerancia. Que este señor se haya atrevido a denunciar ante los actores y el mundo entero, cuando se le entregó un óscar, la política imperialista de G. Buhs hace que lo sienta como una persona comprometida y valiente, aunque haya parte de publicidad y propaganda en sus actuaciones.
Un saludo
Fernando Solera: Moore va de outsider, pero está metido en el establishment hasta las trancas. Les pasa a muchos.
Esilleviana: La Historia nos ha demostrado y nos demuestra muchas cosas, nos brinda lecciones muy valiosas. Sin embargo, ocurre que a menudo no queremos aprender de ellas, por lo que estamos condenados a tropezar siempre con las mismas piedras.
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