En el Madrid supurante y sin cicatrizar de 1945, la hija de un republicano fusilado por los fascistas entra a trabajar en casa de un empresario argentino de origen alemán que mantiene excelentes relaciones con los jerarcas del nazismo, que ven cómo día a día los últimos coletazos de la Segunda Guerra Mundial deshacen el Reich de los mil años. Separados por sus respectivas ideologías y por habitar mundos irreconciliables pero atraídos por un amor irrefrenable que tiene los días contados, la pareja protagonista formada por Elvira y Pablo vive un romance condenado de antemano a la tragedia.
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| Suertudo Sbaraglia |
Hace unos años, Gerardo Vera inició una compacta trayectoria como director cuyo denominador común consiste en mostrar las consecuencias más trágicas e inevitables del amor entre seres en teoría opuestos. Ese era el destino de los amantes retratados en La Celestina, de la pareja homosexual de A flor de piel y por supuesto de los protagonistas de Deseo. Rodeados no ya de un entorno sino de un fatum hostil, los personajes interpretados por Leonardo Sbaraglia y Leonor Watling sucumben ante la fuerza de su mutua atracción mientras a su alrededor otras fuerzas mucho más destructivas se encargan de elaborar una catástrofe implacable que no casa bien con el paraíso efímero de belleza y placer devastadores que ambos se empeñan en fundar a base de achuchones y revolcones varios. Un frágil castillo de naipes en mitad de un mundo cambiante y en perpetua lucha. El amor como búsqueda de sentido entre el caos y la brutalidad imperantes.
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| Leonor Watling, entregada |
Rodada casi en su totalidad en unos interiores no por lujosos menos claustrofóbicos, la película de Vera compensa su apariencia casi teatral con la abundancia de secuencias llenas de emotividad en las que un reparto que incluye a grandes secundarios como Emilio Gutiérrez Caba, Rosa María Sardá, Cecilia Roth y Ernesto Alterio transmite en todo momento la densidad del drama y la grandeza de un conflicto íntimo e incomprendido que inevitablemente adquiere rasgos de tragedia colectiva. Honor, destino y lealtad a unos ideales que, paradójicamente, confluyen en sendas derrotas que vienen a completar el cuadro triste y melancólico de un pueblo que, pintado con idénticas dosis de valentía y ternura, vive al borde del precipicio por culpa de sus traidores, que nunca faltan y saben cómo camuflarse.



4 comentarios:
Tú quieres que a mí me de algo este verano, de verdad. Qué mal amigo eres. Con estos calores y haciéndome 'de sufrir' así con semejantes jacas ;-)
Fernando Solera: ¿Cómo dices que te pone la Watling? ¡Ah, sí! Pastueño. XD
Bueno señores... el personal femenino también tiene su pequeña porción de imaginación y placer en esta película con Leonardo Sbaraglia. No solo vosotros sois los que enfermáis al ver una cara y cuerpo bonito :))
un abrazo
Esilleviana: ¿Te gusta Sbaraglia? Pues nada, nada, para ti enterito, que ya me sacrifico yo. XD
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