10 de octubre de 2012

LA FIERA DE MI NIÑA

David Huxley, un despistado y atractivo paleontólogo a punto de casarse con su ayudante Alice Smallow, busca apoyo económico para su museo, lo que le lleva a un campo de golf en busca del abogado de un millonario que puede ayudarle. Allí encuentra a la hermosa y alocada heredera Susan Vance, que empieza a crearle sucesivos e inagotables problemas. Le pone en ridículo, se lleva su coche, finge secuestrarle y, al final, le abandona en medio de la carretera. Cuando el joven profesor de zoología prehistórica cree haberla perdido de vista, a ella y a su mascota el leopardo Baby, vuelve a encontrarla y, además, enamorada de él, lo cual pone en peligro su boda y varios años de duro trabajo.

Dos bichos raros
Demasiado moderna para su época, La fiera de mi niña no fue un gran éxito de público, pero con los años se ha convertido en un modelo clásico de comedia que penetra en el absurdo con audacia y de una forma irresistible, y desde luego es una de las obras maestras del productor y director Howard Hawks, quien construye aquí una película singular y que roza la perfección. Hawks mide con precisión de relojero el ritmo, la construcción y el desarrollo de cada gag, el tempo de cada plano, el sentido del timming y la utilización de la elipsis. Con un aparatoso pero minuciosamente calculado sentido del exceso, el filme se apoya en la endiablada agilidad de sus diálogos.

A la sombra
La fiera de mi niña, un encadenamiento de azares y absurdos delirantes urdido con la precisión de un orfebre, es una película excéntrica y disparatada en el que un hombre, un perro y un leopardo parecen perseguirse mutuamente hasta conseguir borrar las fronteras entre los modelos de comportamiento animal y racional. Protagonizada por Cary Grant y Katharine Hepburn, es el más completo catálogo que se conoce sobre las humillaciones que una mujer puede propinar a un hombre. En ese proceso donde el hombre poco a poco pierde terreno frente a la mujer, la desvirilización del macho corre paralela a su humanización. Conmueve asistir a la destrucción de un mundo, el del aséptico, frío y cartesiano personaje interpretado por Grant, para dar paso a uno nuevo representado por la improvisación, la alegría y la locura que el personaje de Hepburn lleva consigo. Viaje cronometrado desde la civilización (el mundo, el campo de golf, el restaurante, la elegante casa de Connecticut) hasta la imprevisible naturaleza (la casa de campo, el bosque, el leopardo), La fiera de mi niña es una madeja en espiral de situaciones alocadas que no son otra cosa que el reflejo absurdo del comportamiento de unas figuras humanas situadas en un contexto que excede, subvierte y dinamita en profundidad toda su experiencia acumulada. La habilidad de Howard Hawks para conseguir que cada plano desmienta al anterior, que cada secuencia cuestione la inmediatamente precedente, que la evidencia se vuelva apariencia, que la lógica desvele el absurdo que lleva dentro, hace posible el milagro sin recurrir al artificio ni violentar el argumento.  

4 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Pues en parte comprendo que la película no tuviera éxito cuando se estrenó, porque a mí no me hizo especial gracia. Quizá, entre otras cosas, porque nunca le pillé el punto a esta Hepburn. A la otra sí, claro ;-)

Esilleviana dijo...

Sería algo extraño que en 1938 un hombre se viera manipulado, ninguneado y menospreciado por la inteligencia y el saber hacer de una mujer desenfadada, libre y sin la presión por las costumbres y las rutinas femeninas de aquella época. Presentas una visión de esta película en la que nunca había pensado.

Un abrazo :)

María dijo...

Dos grandes artistazos de cine negro Katharine Hepburn y Cary Grant.

Un beso.

Domingo dijo...

Fernando Solera: La otra Hepburn era una verdadera golosina de mujer. Qué rica, madre. :)_

Esilleviana: Las personas libérrimas, ya sean hombres o mujeres, dan mucho miedo, en 1938 o en 2012.

María: Y tanto que sí. ;)

Publicar un comentario